Traducir

domingo, 26 de abril de 2015

El discurso del pedigüeño. Rolando Ugena



Hace algún tiempo alguien del “ambiente psi” apuntaba como al pasar en una conversación informal, “que hay pacientes a los que uno quiere más que a otros”. Lo decía coloquialmente, y haciéndose eco de lo que fue la postura predominante en la mayor parte del psicoanálisis en la Argentina durante décadas. En el contexto que nos agrupaba ( un brindis de final de año… copa de vino en mano) no pareció el mejor momento para iniciar un debate, incluso porque lo que en esa aseveración se afirma es en alguna medida inexorablemente cierto, en tanto  que “los sentimientos son siempre recíprocos[1]. A veces se “quiere” a los pacientes, en ocasiones se los quiere mucho, demasiado; otras se los quiere menos, y en otras se los quiere... digamos, más bien lejos.

Sí, a veces se quiere tanto a los pacientes que se quiere incluso lo mejor para ellos, que se quiere hasta su Bien. Pues bien, es siempre en nombre del Bien, que se hace lo peor. Sobre esa ambición de hacer el bien de los pacientes,  ya nos advertía Freud: “no es el mal sino el bien, el que engendra la culpabilidad”.[2]  

Pero jocosidades parte, si no fue aquél el momento para esbozar una polémica, tampoco lo es hoy. Mi intención es otra y se remite a tratar de ponderar: ¿ qué quiere el neurótico?, ¿ qué busca?, ¿ cuál es el objeto de su demanda? y también, ¿ qué es lo que no quiere ?, ¿sobre qué cuestiones no acaba de preguntarse, en el mismo movimiento en el cual hace gala de su pasión por la ignorancia?.

Por supuesto, tratar de situar esos puntos implica abordar el problema desde algún lugar teórico. Los invito entonces a que hagamos un breve recorrido con el propósito de orientar, aunque sea escuetamente la cuestión.

En el seminario de La angustia, ese en el cual el concepto de objeto a tomó cuerpo, Lacan formulaba lo siguiente: “El verdadero objeto que busca el neurótico es una demanda que quiere que se le demande. Quiere que le supliquen. Lo único que no quiere es pagar el precio... no quiere dar nada...su dificultad es del orden del recibir…si quisiera dar algo, todo marcharía[3].

He allí lo que el neurótico quiere: hacerse rogar, hacerse suplicar, hacerse demandar. Y también lo que no quiere: pagar el precio por el acceso al deseo, sendero que tiene nombre: pérdida de goce, ajuste a la castración.

Una manera de volver a aludir a aquello que atraviesa la obra freudiana, que la neurosis, la desarmonía, es la moneda con la cual el ser humano abona el malestar de la cultura. Tener que pagar la castración, es el duro monto que el sujeto debe pagar cada vez que se trata de su deseo.

En el seminario citado, Lacan agregaba que si “hay algo que se le debería enseñar al neurótico a dar, es eso que él no imagina, es nada, es precisamente su angustia... El neurótico no dará su angustia.. de lo que se trata… que dé al menos su equivalente... un poco de su síntoma...[4]

Que de un poco su síntoma, y lo haga además en transferencia a partir de suponerle un sujeto al saber, puede ser incluso un buen indicador, en tanto que lo que insiste encapsulado en el síntoma es un saber no sabido acerca del sexo, cuestión acerca de la cual no cesa de preguntarse, y por la que se presenta ante nosotros exigiendo que se le hable, que se le den respuestas, como medio de atestiguar la existencia de la relación sexual.

Un poco más adelante Lacan añadía que el neurótico “Quiere que le pidan algo.  Como no le piden... empieza a modular sus propias demandas…”[5] “... en la medida en que se agotan, llegan hasta el fin, hasta el fondo, todas las formas de la demanda hasta la demanda de cero, vemos aparecer en el fondo la relación de castración.[6]

Me parece que un modo posible de leer las referencias citadas, puede ser que con lo que nos encontramos en la neurosis, es con el discurso de un pedigüeño. Esta figura no es gratuita. En “El chiste y su relación con el inconsciente”, Freud nos lo hace presente de la siguiente manera: “Un pedigüeño hace al rico barón un pedido de ayuda en dinero para viajar a Ostende; aduce que los médicos le han recomendado baños de mar para reponer su salud. «Bueno, le daré algo - dice el rico -; pero, ¿es necesario que viaje justamente a Ostende, el más caro de los balnearios?». - «Señor barón - lo corrige aquel -, en aras de mi salud nada me parece demasiado caro»”[7], idea correcta desde el punto de vista del rico, pero no desde el de un pedigüeño.

En el mismo artículo, más adelante aparece: «Un pobre se granjea 25 florines de un conocido suyo de buen pasar, tras protestarle largo tiempo su miseria. Ese mismo día el benefactor lo encuentra en el restaurante ante una fuente de salmón con mayonesa. Le reprocha: "¿Cómo? Usted consigue mi dinero y luego pide salmón con mayonesa. ¿Para eso ha usado mi dinero?". Y el inculpado responde: "No lo comprendo a usted; cuando no tengo dinero, no puedo comer salmón con mayonesa; cuando tengo dinero, no me está permitido comer salmón con mayonesa. Y entonces, ¿cuándo comería yo salmón con mayonesa?"[8].

Para Lacan, el tema de la demanda es fundamental respecto del chiste. En el seminario de “Las formaciones del inconsciente” lo presentaba en los siguientes términos: “Constantemente vemos pedigüeños a quienes se les conceden cosas. O bien se les concede algo que no piden, o bien, una vez obtenido lo que piden, le dan un uso distinto, o bien se comportan con respecto a quien se lo ha concedido con una insolencia muy particular, reproducción en la relación del demandante con el solicitado de aquella bendita dimensión de la ingratitud, sin la cual, sería verdaderamente insoportable acceder a cualquier demanda… el mecanismo normal de la demanda concedida es provocar demandas constantemente renovadas[9]… “cuando el que pide puede pensar que el Otro ha accedido verdaderamente a una de sus demandas, ya no hay límite – es normal que le encomiende todas sus necesidades… pero por otra parte, por experiencia, el pedigüeño no suele presentar así su demanda, al desnudo. La demanda no tiene nada de confiada. El sujeto sabe demasiado bien a qué se enfrenta en el ánimo del Otro, y por eso disfraza su demanda… sobre todo tendrá en cuenta, en la formulación de su demanda, el sistema del Otro… su deseo quedará capturado y organizado… en el sistema del significante tal como está instaurado o instituido en el Otro”.[10]

Aquella solicitud a la cual accede lo lleva a renovar la demanda, incluso a disfrazarla de necesidad si es preciso, porque el pedigüeño sabe demasiado bien con qué tiene que vérselas y  es desde el sistema del Otro desde donde la formulará;  tendrá en cuenta en la formulación de su demanda, lo que es el sistema del Otro y desde allí la propondrá.

Es que en el registro imaginario, quien demanda, manda. Hace su presentación incluso como esclavo, pero manda. Esta es por ejemplo, la posición de otro pedigüeño, Alcibíades, en El banquete en relación a Sócrates: “cuando escuchaba a Pericles y a otros buenos oradores... ni se turbaba mi alma, ni se irritaba ante la idea de que me encontraba en situación de esclavitud... sólo ante este hombre he experimentado algo... el sentir vergüenza ante alguien...Huyo, pues, de él, como un esclavo fugitivo...”.[11] Posición de esclavo de Alcibíades, desde la cual demanda ¿qué?. Signos. Los signos del amor.

Es que la demanda, por su condición misma, y en tanto opuesta al orden de la necesidad, puede ser exótica, exorbitante, florida, inmoderada.

- “ Voy a conseguir un cerdo y voy a hacer que el cerdo te la meta... quiero que el cerdo te vomite en la cara, y quiero que te tragues ese vómito. Vas a hacer eso por mí?.... Y quiero que el cerdo se muera, mientras lo estás fornicando...luego tienes que ponerte detrás, y quiero que huelas los pedos moribundos del cerdo. ¿Vas a hacer eso por mí?...

Esto es lo que el personaje encarnado por Marlon Brando en la película de Bernardo Bertolucci “Último tango en París”, le pedía que hiciera al personaje interpretado por María Schneider, luego de haberle hecho cortar las uñas para penetrarlo analmente. Quiero que te hagas coger por un cerdo ! Quiero que te hagas cagar por un cerdo ! Vas a hacer eso por mí ? Quiero que hagas eso por mí !, demanda de manera bestial ese pedigüeño, poco antes de morir asesinado “como un cerdo”.

Signos de amor que también pide el niño. El angelito pide, y a veces con suma insistencia: “¡¿Qué es lo que quiere ?!, ¡¿Qué es lo que quiere de mí?!, es lo que viene a preguntar la madre de Nicolás, un niño de 9 años. “Salimos de casa para la escuela y empieza, compráme, ma!, compráme caramelos, gaseosa, compráme, compráme. El otro día, - agrega esta mujer, llorando -, cuando íbamos, yo no tenía plata y se enojó, y empezó a patearme, a pellizcarme, me mordió, me insultaba, gorda asquerosa me decía...Ya no sé que hacer. Pide, y pide, y pide, le doy todo y pide, pide”.

Del lado de esa mujer seguramente llevará su tiempo alcanzar, si tenemos suerte, el punto en el cual pueda calcular que es en cuanto más intenta contentarlo que el más y más le reclama; que cuanto más aspira ella a satisfacer la necesidad articulada en la demanda, dándole lo que le exige, más lo empuja a renovarla y a pedir otra cosa, y otra cosa, y otra, incluso pasando por el odio (el gorda asquerosa con que la nombra es una cuestión de peso para ella, que está en tratamiento por obesidad hace un buen tiempo) o el ataque de rabia, llegando hasta la zona donde lo que se revela es el desconocimiento de que era lo que se  pedía. Ella “le da todo”, se da toda, y él le “demanda la luna[12]

Del lado de ese niño habrá también que hacer objeción a su juego, cuando introduciendo en la sesión por ejemplo una típica escena de comprador – vendedor, quiera llevarse la mercadería sin pagar, pagando de menos, o pretenda  seguir “jugando un ratito más, dale, otro ratito más, dale”.

Porque toda demanda es incondicional, “y el odio paga al amor, pero … es la ignorancia la que no se perdona”[13]. La pretendida satisfacción de la necesidad aparece allí entonces, como “el engaño contra el que se estrella la demanda de amor”[14].

Que el neurótico quiere hacerse suplicar y no quiere pagar por ello, es algo que incluso puede leerse en el discurso filosófico. Hace muchos años, el filósofo Protágoras le enseñaba a un alumno. El discípulo no podía pagarle y prometió que lo haría cuando ganase su primer juicio. Pero pasó el tiempo, no pagaba y Protágoras lo demandó. Frente a los jueces el filósofo dijo que si su alumno lograba demostrar que no tenía ninguna deuda con él, entonces ganaría su primer juicio y debería pagarle. Y si no lo podía demostrar, pues sería condenado a pagar lo que debía. El discípulo  respondió: Si los jueces me absuelven no te pagaría nada porque no sería deudor, y si me condenan, perdería mi primer juicio y no debería pagarte. Los estudiosos de la filosofía pueden detenerse en el estudio de  la paradoja. Para el discurso analítico, difícilmente queden dudas: el pedigüeño pensionado no quería pagar.

Discurso del pedigüeño entonces, que para concluir hoy, podemos también ubicar en el seminario sobre “El Yo en la teoría de Freud”. Allí podemos leer: “Consideren el más estúpido de los cuentos, el del señor que está en la panadería y pretende no tener que pagar nada. Primero tiende la mano y pide un pastel, devuelve este pastel y pide un vaso de licor, lo bebe, y cuando le dicen que pague el vaso de licor, responde: He dado a cambio un pastel. —Pero el pastel tampoco lo ha pagado—. Pero no lo comí” [15],  responde el pedigüeño, que siempre quiere pagar el vaso de licor con un pastel que no pagó.



[1] J. Lacan, Seminario XX, Aún, clase 1, 21 de Noviembre de 1972, Paidós, página 12

[2] J. Lacan, Radiofonía y televisión, Editorial Anagrama, página 134

[3] J. Lacan,  Seminario X, La angustia, Clase del 5/12/1962, Paidós, página 62

[4] Idem nota anterior

[5] Idem nota anterior

[6] J. Lacan, Seminario X, La angustia, Clase del 5/12/1962, Paidós, página 63

[7] Sigmund Freud, Standard Edition, El chiste y su relación con lo inconsciente, Volumen 8, 1905

[8] Idem

[9] J. Lacan, Seminario 5, Las formaciones del inconsciente, Clase del 4 de Diciembre de 1957, Paidós, página 97

[10] Idem, página 98

[11] Platón, El banquete, Editorial Sarpe, 1985, páginas 106/7

[12] En el seminario 5, señala Lacan: “No sin razón los niños piden la luna. Piden la luna porque pedir la luna corresponde a la naturaleza de una necesidad que se expresa a través del sistema significante.” Paidós, página 91.

[13] J. Lacan, La dirección de la cura, Escritos 1, Siglo XXI editores, 1980, página 259

[14] Idem nota anterior


[15] J. Lacan, Seminario II, El Yo en la teoría de Freud, Clase 18 del 19 de Mayo de 1955, páginas 349/350.


domingo, 12 de abril de 2015

La estructura del sujeto en la infancia. Jorge Fukelman



Lo que voy a tratar hoy, es de comentarles algunas cosas de las que estoy pensando o tratando de pensar con relación a estos temas. Bien, vamos a comenzar por “el” lenguaje.
El primer punto que se nos aparece es respecto a la pertinencia o no, del artículo, definido a propósito de “el” lenguaje. ¿Por qué? Porque si nosotros pudiésemos plantear “el” lenguaje, estaríamos obviando que a propósito de todas las lenguas existe algún tipo de estructura común que permite decir “el” lenguaje. En realidad este es un problema importante respecto a ¿existe una gramática universal o no existe una gramática universal?.
De hecho voy a tratar de ejemplificarlo, si existiera una gramática universal, sería relativamente factible construir una máquina o una especie de computadora, que programada adecuadamente permitiera la traducción de una lengua a cualquier otra lengua. Es decir, si existe un ordenamiento universal, podríamos pasar de una lengua a otra lengua. No es esta, una apuesta sencilla.
De hecho tengo entendido o leído por ahí que grandes compañías japonesas están metiéndole seriamente a ver si esto es factible. Por ahora las posibilidades de traducción, de traslación de una lengua a otra lengua en términos de “el habla cotidiana”, no en términos de ciertos informes muy precisos, hasta ahora no se han logrado. No quiero decir que no se logre, pero hasta ahora lo que encontramos es que una lengua no es factible de ser traducida a otra lengua por una máquina.
De cualquier modo puede ser interesante hacer un repaso de algunas de las distintas ideas respecto a la posibilidad de construir una gramática universal.
Una importante es la gramática o el intento de una gramática universal llamado “Modelo Standart Extendido” de Chomsky. La idea general, porque en realidad esto no es más que una aproximación, es que con un léxico dado, una sintaxis que trabaja sobre ciertos componentes básicos de la gramática y cierta componente transformacional, se puede llegar a un componente interpretativo. Entonces de componentes de base a través de una serie de transformaciones, y el pasaje del componente sintáctico de base y al componente transformacional, encontramos ciertas formas fónicas y ciertas formas lógicas que aparecerían entonces en todo este proceso, no tanto como una gramática universal, en el sentido de ciertas invariables o ciertas reglas invariantes, que podrían trasladarse de una lengua a otra, sino como una suerte de metateoría que estaría dando cuenta de todas las gramáticas posibles. Pero, ya no tenemos allí una gramática universal, sino una metateoría sobre distintas gramáticas de distintas lenguas.
          Otro intento de plantear una gramática universal, pasa por cierta tipología en gramática. Por ej.: se plantea una gramática relacional, es decir, un intento de plantear un universal entre todas las gramáticas en términos de sujeto y objeto o en términos de complemento directo y complemento indirecto o en términos de objeto directo y objeto indirecto.
Otro intento de plantear una gramática universal pasa por cierto tipo de planteos de genotipos o fenotipos, por ejemplo: agente, instrumento, paciente, lugar, objetivo.
          Además tenemos las gramáticas que tienen en cuenta una teoría de la enunciación, actos de lenguaje, y pragmáticas. Básicamente lo que tenemos acá es una idea del tipo de: todo enunciado es la manifestación de un “hacerse cargo” de una relación predicativa por un enunciador. Es decir, el agente, el lugar de la enunciación, está planteado ya en este tipo de teoría.
          Otro tipo de gramática universal aparece como modelos para dar cuenta explícitamente de los procedimientos de inferencia y razonamiento que cualquier gramática plantea. Es decir, modelos que intentan dar cuenta de cómo es que cuando decimos algo convencemos. ¿ Qué inferencias se ponen en juego? ¿ Qué tipo de encadenamiento causal se plantea allí?.
          Otro tipo que a mí me resultó ( y espero y creo que a uds. también) interesante fue una gramática denominada de script, de escenario. La idea es la siguiente: se plantean secuencias estereotipadas de acontecimientos y acciones. Con relación a esto se plantea: primero, actores, objetos y lugares; segundo, llamado y desencadenamiento del script; y tercero orden de los acontecimientos y acciones descriptas. Después vuelvo sobre esto.
Por último, siempre en esta línea de las gramáticas universales, tenemos los intentos de construir diccionarios electrónicos, es decir la posibilidad de pasar de representaciones de sentido a un texto, y a la inversa, de un texto a representaciones de sentido. La idea sería, a través de un diccionario electrónico con el que se pudiera hacer, lo que hacemos habitualmente cuando hablamos, pasamos de ciertas representaciones de sentido a un cierto texto y a la inversa.
          En realidad, el problema o por lo menos un problema, que ahí sí nosotros podemos decir algo, el problema que se le plantea a la gramática universal es que la fuerza de la enunciación, excede al significado del enunciado. Creo que el ejemplo paradigmático es cuando nosotros juramos. Digamos que tenemos un elemento de lenguaje, que para el caso vamos a plantearlo como "sí, juro", esto lo podemos plantear como un significante, ¿cuál es el significado del “sí, juro”?. Acá se presenta un problema, porque nosotros decimos, supongamos: esto es jurar; pero jurar tiene un exceso que trasciende el lenguaje. Quiero decir que el referente con el que podría plantearse la relación entre el significante “sí, juro” y el significado de jurar, no es algo que está sólo en el lenguaje. Quiero decir, aunque el ejemplo sea bobo, que si digo “sí, juro”, después no puedo decir “eran sólo palabras”. Quiero decir, que se produce en este acto, estrictamente, en esta enunciación performativa, algo que excede al lenguaje. Dicho de otro modo, acá tenemos que el referente es un acto, un acto de lenguaje que excede al lenguaje y que implica una modificación de lo real, como todo acto.
El ejemplo me parece adecuado además, en tanto plantea la dimensión del cuerpo. Quiero decir, que con relación al juramento, el cuerpo de quien jura está comprometido. En este sentido también esta enunciación performativa, implica un “fallar” del lenguaje, implica un fracaso del lenguaje, en tanto el significado de este juramento no logra llegar totalmente al referente. Justamente porque el significado lo encontramos en el plano del acto del lenguaje y el referente lo encontramos como un exceso del acto del lenguaje, entonces decimos, el significado fracasa. En un cierto sentido, podríamos decir el significado fracasa como fracasa el intento de una traducción completa, de una lengua en otra lengua. En tanto, el excedente de la enunciación performativa corresponde a un real de la lengua misma, no a un real de otra lengua, y en este sentido, me reitero, fracasa la posibilidad de una suerte de entendimiento total entre lenguas.
          Bien, habida cuenta no ya de “el” lenguaje sino de distintas lenguas, se nos plantea ¿ qué pasa con un cuerpito metido en alguna de estas lenguas? ( con una pequeña salvedad, que cuando digo alguna de estas lenguas, no quiero decir que sea lo mismo cualquiera, por lo que les decía antes, ya que querría decir que se puede trasladar de una lengua a otra, entonces tendría una gramática universal, “el” lenguaje).
          Veamos por el lado del cuerpito. Este, de entrada, y en seguida me rectifico, está en lo real. Esto quiere decir que a este cuerpito de nene , o cuerpito de nena, cuerpo así o asá no le falta nada. No digo si nació bebito “a ver si tiene el pitito como Dios manda” o “a ver si tiene todos los deditos”, porque podemos encontrarnos un cuerpo que tiene cuatro deditos por mano y aún así a ese cuerpo no le falta nada, es un cuerpo de cuatro deditos por mano.
          Entonces tenemos ¿ cómo se ubica en una lengua este cuerpito al que no le falta nada?. La primera aproximación: este cuerpo así como las lenguas decíamos no tiene traslación completa de una lengua a otra, ahora con respecto a este cuerpo al que no le falta nada decimos “sin embargo este cuerpo no es lo mismo que este otro cuerpo. Me reitero porque me sigue pareciendo un ejemplo...”mire señora, su bebito no sabemos dónde está, pero le damos este otro que está en la nursery a disposición”. Es factible que aunque sea de cuerpos, esto no sea bien recibido por los padres de este cuerpo.
Quiero decir, que ese cuerpito ya está bien ubicado, es decir ya no es sólo un cuerpo, sino que es ya una marca, el mismo cuerpo es una marca, el mismo cuerpo está marcado en relación con ciertas historias de los padres. Esta marca es un símbolo que acá está incidiendo en lo real de este cuerpo. Entonces, ¿qué es lo que se produce?... tenemos un cuerpo que en tanto real no le falta nada, pero tenemos un cuerpo que no es todo cuerpo, o dicho de otro modo, tenemos un cuerpo agujereado. Este agujero tiene una manera de presentarse que creo será claro para todos. Este agujero se presenta como la buena salud de ese bebito, o lo digo de otro modo, cuando la relación entre el símbolo y lo real, es decir cuando este agujero en lo real deja de presentarse como buena salud y nos consultan, consultan o hay consulta respecto de cierto tipo de disturbio, cierto tipo de malestar o cierto tipo de enfermedad. Sin duda, aunque no lo sepamos, lo que nosotros vamos a tratar de hacer es rectificar la relación del símbolo con lo real.
Digamos una tontería...este nenito empezó hace una semana con este  resfrío. ¿Pasó algo esta semana en la casa de ustedes? Ah sí! Nos mudamos. Sea lo que sea mudanza, sea lo que sea resfrío a lo que apunta todo esto es a restaurar una relación entre el símbolo y lo real. Digamos entonces, a título nuevamente de ejemplo, supongamos que nosotros decimos: el símbolo que hace agujero en lo real es “mi hijo”. Este hijo implica un linaje, una genealogía, implica una relación con nombres propios y demás.
          Pero puede ocurrir, no es raro, que con una mudanza, la nueva casa sea un hijito, “la vamos a tener así, la vamos a arreglar asá, vamos a hacer esto o lo otro”. Quien fuera que haya pasado, y sin duda todos hemos pasado alguna vez por esas pequeñas catástrofes que son las mudanzas, saben que eso puede deslizar hacia donde fuere.
          Hablando de pequeñas catástrofes, me doy cuenta que se me escapó comentar que otra de las teorías que intentan plantear una gramática universal es el intento de Toms: la teoría de las catástrofes, dónde básicamente sería, toda significación posible es el intento de palear y contrarrestar y en ese mismo sentido recordar una catástrofe previa.
          Bien, entonces ese cuerpo agujereado, esta relación entre el símbolo y lo real, el agujero que allí se produce.
          Esto del agujero, se puede decir, el símbolo siempre agujerea lo real, en relación con este cuerpo lo que nos interesa es que en ese agujero se ubica el $, quiero decir que todo lo que nosotros podemos plantear con relación al $, con relación a la falta, con relación a la castración, con relación a la falta de objeto, lo planteamos para cualquier $, si lo puedo decir así, en este agujero de origen. Esto es, lo resalto, especialmente importante y visible en ciertos chicos donde la relación entre el símbolo y lo real ha sufrido serias vicisitudes con relación a la posibilidad parental de cierta ubicación simbólica ( que estoy tratando de sintetizar en “mi hijo”). En estos chicos muy perturbados, eventualmente el agujero aparece como  amenaza, aparece como una suerte de pánico, de terror, con relación a que algo pueda ser sacado, destruido, robado, expropiado del cuerpo.
Quienes hemos tenido alguna vez la oportunidad de observar algo cercano a esas crisis de pánico, terror, en estos cuerpos, creo que podemos testimoniar de este agujero vivido de otro modo. ¿Por qué digo de otro modo? Porque si nosotros decimos, el agujero es la buena salud, lo que tenemos es un cuerpo del que no tenemos mayor noticia, está ahí, a lo sumo nos pellizcamos un poquito para saber, para recordar que el cuerpo está por ahí. En cambio, en este otro tipo de situación que estaba tratando de comentar, el cuerpo tiene ese agujero. La angustia es en ese sentido, o al menos un aspecto de la angustia, se puede entender como un cuerpo que está amenazando ser todo.
Les decía, ese agujero plantea un cuerpo en lo real al que no le falta nada, pero que sin embargo es un cuerpo no todo. Cuando el cuerpo es todo no hay lugar para el $, este “no hay lugar”, y que en el mejor de los casos que se nos aparece como amenaza de no hay lugar es lo que nos aparece como angustia. Quiero decir, aunque este entrando en la obviedad, prueben uds. hacer un pequeño jueguito de palabras a un chico, a un grande en una crisis de angustia, probablemente noten que no hay mucho lugar para este jueguito mientras está la crisis de angustia, es decir mientras el cuerpo está amenazando con ser todo.
          Un jueguito más, entonces diríamos... en tanto lo estábamos planteando con relación a este agujero del cuerpo, y este agujero de lo real del cuerpo producto de la relación entre el símbolo y lo real del cuerpo, estábamos planteando ahí el lugar del $, tenemos derecho a suponer que todo lo que toque a una problemática de esta ubicación simbólica tomará los orificios del cuerpo, en tanto es a propósito de los orificios del cuerpo, donde algo del cuerpo podrá por lo menos imaginarse como faltante ( lo que la teoría analítica plantea como el objeto). Efectivamente, nosotros nos encontramos alrededor de los orificios, ligados a la alimentación, ligados al laleo, ligados al habla, ligados a la evacuación o aparecen otitis o aparecen por cosas con relación a la mirada, con relación a la visión.
          Es a propósito de esto que podemos ubicar dos momentos claves que no son sin relación: un primer momento, diría así, es lo que la teoría analítica plantea como la castración. Este momento es clave, porque, es desde la castración, que la relación entre el símbolo y lo real del cuerpo, pasa de la historia parental a la historia del $. Momento clave entonces, que nos llevaría a decir: claro, es un momento clave, es el momento de la castración!. La castración es...¿qué es la castración?...y resulta que no sabemos qué es la castración porque la castración opera, es decir por supuesto sabemos de algunas formas imaginarias que no son sin importancia, de algo que va entre la idea de castración, o la idea de eventración, digo algo de arrancado...¿qué quiere decir esto?. Que el significado de la castración no alcanza el exceso de esta operación de la castración, o para decirlo de otro modo, que esto que, espero que no de un modo excesivamente sacrílego, yo había dicho no sabemos, o lo puedo decir mejor, “no sé yo qué es la castración”; esto atañe a la castración, o para decirlo de otro modo, si yo hago memoria digo: Ah ¿cómo no sabemos qué es la castración?. La castración es la tachadura del Gran Otro. Entonces, viva!, sabemos lo que es la castración!, fantástico!, no nos tocó a nosotros, a mí no me toca, yo ya sé qué es la tachadura del gran Otro. No, no me toca...Bien, Lacan sí sabía qué era la castración, por lo tanto él no estaba castrado. Para Dora todas las ocasiones son buenas...
          El segundo momento, creo, clave, es el momento denominado puberal. Digamos por lo menos así, que este momento de pubertad es el momento en que el $ en relación a estos actos del lenguaje, esto es, enunciaciones performativas que estaba tratando de plantear hace un rato, el $ se encuentra con que el exceso de enunciación, el acto que produce en tanto acto un referente, recae sobre él. Dicho sea de otro modo, se me acaba de cruzar, me acordé, ayer un muchacho de alrededor de 16 años decía en una sesión, no lo puedo hacer literal, pero era más o menos así, que él pensaba que en cualquier actividad había gente que sabía cómo se hacía. Más o menos así sería, en una por supuesto incompleta traducción, que si yo quisiera aprender japonés me bastaría con poner una tintorería, porque los tintoreros en este país hablan japonés. Entonces, este muchacho comentaba así, toda una serie de fracasos y de esfuerzos por querer encontrar a ( cambio de cassette).
          Fíjense, los gestos adecuados que corresponden al saber al cual corresponden esos gestos. Esto es estrictamente lo que Freud plantea como lo cómico de los niños cuando hacen los gestos de los grandes. Entonces quiero decir, la pubertad es el momento en el que hacemos los gestos, pero resulta que no son sólo gestos.
Veamos.. “Vamos a jugar a la mamá y al papá”, esto sin duda los que estamos acá, lo hemos dicho muchísimas veces. La pubertad es el momento en que “Vamos a jugar a la mamá y al papá”, pone en juego algún otro tipo de problemas. Me interesaba plantear esto o recordar esto, porque buena parte de lo que ocurre cuando tratamos un chico es que los gestos vuelven a su lugar de gestos, quiero decir que los gestos vuelven a su lugar de “estamos jugando a”.
Para decirlo de otro modo, algo de lo que nosotros hacemos entonces es reconstruir un espacio que tendrá como característica que lo que ocurra en ese espacio, no producirá efectos en lo real. Esto es el campo del juego. Digo no producirá en este momento, lo cual no quiere decir que allí no se produzca algo que produzca efectos post-puberalmente. En este sentido, por último, por ahora quisiera relacionar esto con otro aspecto.
Yo comencé tratando de ejemplificar esto que produce efectos que exceden al acto del lenguaje con el juramento, diciendo que el juramento implica esta relación entre el acto del lenguaje, aquello que excede el acto del lenguaje, y en este sentido esta relación entre el símbolo y el cuerpo. Ahora, decimos, post-puberalmente se podrán producir efectos a propósito de los juegos que ocurrieron antes. En este sentido, estos juegos tienen un aspecto de promesa, pero estrictamente ahora debiera decir, estos juegos producirán efectos post-puberalmente de acuerdo a la lectura que el $ en cuestión haga de estos juegos post-puberalmente.
Por último, y ahora sí por último, todo esto que he tratado de comentar, habría bastante para hablar, pero primero podría situarse así: entre el símbolo que sujeta, esto es como un símbolo que sujeta a un cuerpo, quiero decir que en este sentido, todo esto plantea la constitución del $, y la ubicación con relación a este cuerpo al que no le falta nada del sujeto; entre esto y aquello se plantea mínimamente una cierta libertad. Porque ahora tendríamos que decir ¿pero cómo es que estos símbolos que han agujereado a nuestro cuerpo no nos portan absolutamente? Quiero decir, ¿cómo es que no estamos absolutamente encadenados por los encadenamientos significantes?. Entonces, aquello que trataba de señalar como el “no sé que es la castración”, señala una zona de posible libertad. ¿Por qué? Porque señala algo que falta del lado del símbolo, es decir, algo que permite que el encadenamiento no sea absoluto.
Bueno, paro acá y les dejo la posibilidad de comentar, preguntar, plantear...
P: ¿Cuándo usted habla de símbolo, está hablando del rasgo unario y puede ubicarse también allí el nombre propio?
J.F.: Sí, efectivamente. Cuando yo decía este cuerpito no es igual a este otro, efectivamente planteaba allí la diferencia. En este sentido ahí la ubicación de lo que Lacan trabaja en relación a este rasgo unario, en relación al cual Freud plantea algo de la identificación, efectivamente ahí ubicamos el rasgo unario.
En relación con esto se plantea el nombre propio,  lo que ocurre es que para hablar de nombre propio allí, tendríamos que desarrollar un poquito más la relación entre el nombre propio, y este falo que falta a propósito de la castración. Ahora lo puedo decir así, este saber que nos queda en falta. El nombre propio viene a remediar este saber en falta. El nombre propio implica para esto, que todo el linaje nos asegura de una cierta relación entre el símbolo y lo real que hace que estemos más tranquilos en la vida.
Omar Asan: Con relación al enunciado y la enunciación, ¿cómo pensarlo prepuberalmente? Si es factible esto?, y en este sentido cómo ubicar la cuestión del shifter?
J.F.: Digamos así, de lo que yo estuve tratando de hablar fue de una suerte de exceso de la enunciación con relación al enunciado. Prepuberalmente yo diría así, nosotros estamos creídos respecto a la existencia, ya no la posibilidad, sino la existencia de una gramática universal, o para decirlo de otro modo, prepuberalmente estamos convencidos que en tanto varoncitos podemos entendernos perfectamente con esa nenita, y que esa nenita, en tanto nenita, puede entender perfectamente lo que planteamos como varoncitos. Esto, aunque la moda y las costumbres lleven a que las nenas son más “boludas” y los varoncitos somos “mandaparte”. Pero no importa, podemos entendernos...¿por qué?. Básicamente diría así, el shifter, en lo que a nosotros nos interesa, plantea la relación del shifter con lo que atañe al goce. El yo para tomar el shifter en lo que a nosotros nos interesa plantea una relación con la satisfacción, o dicho de otro modo, el yo hablante no es unívoco. Todas las formaciones nos plantean, “bueno, ¿quién dice esto?”. El “quién dice esto”, nos lleva hacia una demanda: “por favor, ¿me dicen quién habló hasta ahora?, está la shifter-formación-demanda. Esta demanda, digamos así, si hubiera Otro, tendría respuesta.
Si yo preguntara: ¿quién estuvo hablando hasta ahora?, cualquiera de ustedes me podría decir, vos. Incluso podrían juntarle un nombre y un apellido...pero ¿no será que quieren engañarme? o dicho de otro modo, ¿para qué contestan lo que contestan?. Estoy tratando de ejemplificar cierta inconsistencia del A. Esta inconsistencia a lo que lleva es a ubicarnos de otro modo en relación al goce y especialmente para esto en relación al goce sexual.
Si yo digo a quien fuere vamos a jugar a la mamá y el papá, ustedes tendrían derecho a decirme: ¿quién dice esto?. Si yo quisiera contestar tendría que dar algunas vueltitas por mis fantasmas. Bien, esta ubicación del shifter ubicando algo en relación con la enunciación, plantea sin embargo algo, prepuberalmente, que existe la posibilidad de entenderse, que hay una lengua universal, EL lenguaje. Post-puberalmente se nos plantean todas las dificultades que encontramos en nosotros y en quienes nos consultan en relación con los encuentros sexuales. Estas dificultades las encuentran, ahora un poco más sintéticamente, con relación al  objeto y al lugar del objeto en el encuentro sexual.
Rogelio Senar: Quizás por el mismo lado, pero en otro tema: no es lo mismo el juramento de asumir un cargo que el juramento de un chico. Los chicos juran bastante, juegan a jurar, juran, pero el no mentirás no es sólo de los adultos. ¿Cuál sería el estatuto diferente del “no mentirás” en esos juramentos?
J.F.: Básicamente yo lo plantearía así, el juramento post-puberalmente compromete el cuerpo y de paso se produce algo en el tiempo... el tiempo pasa a ser definido, en lugar de ser un continuo eterno, pasa a ser definido, discreto, finito con relación al juramento. El juramento marca un momento en el tiempo. El “no mentirás” prepuberalmente plantea básicamente, una relación que está ubicada en la lengua, quiero decir, no es que al niño prepuberalmente, le sea lo mismo mentir que no mentir, pero esa mentira, más acá de lo que podamos plantear de las mentiras como una cierta... entre lo real y lo real y lo simbólico, esta mentira queda planteada en el campo del lenguaje.
Tomemos un ejemplo más o menos clásico...post-puberalmente una Srta. en cierto momento de acercamiento le puede decir a su partenaire, ¿me vas a querer para toda la vida?, y el partenaire eventualmente, diciéndose que para la buena prosecución de ese momento de acercamiento (de todas maneras no se dice en cualquier momento), el partenaire afablemente dice que sí, para siempre va a ser... es por este momentito...(risas)... pero lo dijo, y el compromiso, aunque sea como fuere, trasciende el campo de este decir, no del lado de “constato que para que este encuentro prosiga debo decir te querré para siempre”. No es un constatativo, es un performativo, es esta enunciación performativa y produce efectos que van más allá. Nosotros podemos suponer chicos jugando que pueden jurar, que les gusta la idea de que se miente, no se miente, etc., pero el campo sigue siendo este campo protegido del juego.
Quiero decir, no hay este exceso, que va sobre lo real en el momento, después de acuerdo a cómo esto se articula podrá plantearse algo post-puberalmente. Te respondo?.
 6 de octubre de 1992


viernes, 10 de abril de 2015

Freud, aproximaciones a la certeza. Rolando Ugena



                                                        “…no hay empirismo posible sin una 

                                                                 elaborada conceptualización: la obra

                                                          de Freud lo demuestra. Sólo puede

                                                                    avanzarse por el ámbito empírico en

                                                   la medida en que a cada instante la

                                                         conceptualización sea retomada

y enriquecida….”

J. Lacan (1)

                                            

                                        “La purificación de los principios

es en toda ciencia lo que

 más tardíamente se consuma”

J. Lacan[2]


          El propósito de este pequeño escrito, es realizar una recorrida por algunos textos de la obra freudiana que ponen de manifiesto tanto su posición frente a la ciencia de su época como su modo de trabajo. Un sesgo ya presente por ejemplo, en “La interpretación de los sueños” donde muestra la contundente novedad de su exploración, elevando al sueño a la condición de un acto psíquico con un sentido, un propósito y un lugar dentro de la vida anímica del individuo, mientras era considerado por la ciencia oficial como un fenómeno somático carente de significado.

Freud
El derrotero freudiano se vislumbra también muy notoriamente poco después, en el epílogo del caso Dora: “con esta publicación tan incompleta quise lograr dos cosas. En primer lugar, mostrar, como complemento a mi libro sobre la interpretación de los sueños, el modo en que este arte…puede aplicarse al descubrimiento de lo… reprimido… En segundo lugar, quise despertar interés por una serie de cosas que la ciencia sigue ignorando totalmente; es que sólo la aplicación de este procedimiento específico permite descubrirlas…[3]

Años más tarde en su Introducción del narcisismo ese rumbo, que anunciaba el trazado de su investigación es reafirmado en estos términos: “… no es lícito sustraerse de un intento de clarificación… representaciones como… libido yoica, energía pulsional yoica y otras… no son aprehensibles con facilidad, ni su contenido es suficientemente rico; una teoría especulativa de las relaciones entre ellas pretendería obtener primero, en calidad de fundamento, un concepto circunscrito con nitidez… a mi juicio esa es… la diferencia entre una teoría especulativa y una ciencia construida sobre la interpretación de la empiria. Esta…no envidiará a la especulación el privilegio de una fundamentación… incontrastable desde el punto de vista lógico… se contentará con unos pensamientos básicos que se pierden en lo nebuloso y apenas se dejan concebir; espera aprehenderlos con mayor claridad en el curso de su desarrollo en cuanto ciencia y, llegado el caso, está dispuesta a cambiarlos por otros…tales ideas no son el fundamento de la ciencia, sobre el cual descansaría todo… No son el cimiento sino el remate del edificio íntegro, y pueden sustituirse y desecharse sin perjuicio…”[4]

Pero el lugar donde tal vez se muestra más patentemente el nudo del planteo freudiano es en el texto que da inicio a su metapsicología, “Pulsiones y sus destinos[5].  Comienza con una manifestación muy potente acerca de cómo se van construyendo los conceptos fundamentales (Grundbegriff)[6]: “Muchas veces hemos oído sostener el reclamo de que una ciencia debe construirse sobre conceptos básicos claros y definidos con precisión. En realidad, ninguna, ni aun la más exacta, empieza con tales definiciones. El comienzo correcto de la actividad científica consiste más bien en describir fenómenos que luego son agrupados, ordenados e insertados en conexiones.”

Descartes
El reclamo, la pretensión de que una ciencia comienza a construirse sobre conceptos claros y definidos (Grundbegriff), exigencia sin duda sostenida en el racionalismo cartesiano, no resultaba aceptable para Freud. No se parte de una definición, de ideas claras y distintas, sino de una descripción y un agrupamiento de fenómenos ordenados según cierto criterio. Además “ya para la descripción misma es inevitable aplicar al material ciertas ideas abstractas que se recogieron de alguna otra parte, no de la sola experiencia nueva. Y más insoslayables todavía son esas ideas - los posteriores conceptos básicos de la ciencia - en el ulterior tratamiento del material”.

Las restricciones con las que Freud considera los pasos de la investigación, situándola incluso en el borde de lo provisorio son claras; conjuntamente, el hecho de que esas ideas abstractas hayan sido recogidas de alguna otra parte, y no solamente de la experiencia en marcha ponen de manifiesto cómo para construir un campo teórico que sostenga una praxis y pueda dar cuenta de ella, no es posible evitar tomar algo de otro lugar.

Dichas ideas abstractas, “al principio deben comportar cierto grado de indeterminación; no puede pensarse en ceñir con claridad su contenido. Mientras se encuentran en ese estado, tenemos que ponernos de acuerdo acerca de su significado  por la remisión repetida al material empírico del que parecen extraídas, pero que, en realidad, les es sometido. En rigor, poseen entonces el carácter de convenciones…”.[A]   
 De entrada entonces, indeterminación; ningún concepto definido al modo claro y distinto, terminado de una vez y para siempre. Por el contrario, “convenciones” no elegidas al azar para describir el psiquismo (por ejemplo los “tipos de energía” etc.), construcción de los conceptos, trabajo teórico que permite descubrir las “relaciones que se cree colegir aun antes de que se las pueda conocer y demostrar. Sólo después de haber explorado más a fondo el campo de fenómenos en cuestión, es posible aprehender con mayor exactitud también sus conceptos científicos básicos y afinarlos para que se vuelvan utilizables en un vasto ámbito, y para que, además, queden por completo exentos de contradicción. Entonces quizás haya llegado la hora de acuñarlos en definiciones. Pero el progreso del conocimiento no tolera rigidez alguna, tampoco en las definiciones. Como lo enseña palmariamente el ejemplo de la física, también los «conceptos básicos» fijados en definiciones experimentan un constante cambio de contenido.

Un concepto básico convencional de esa índole, por ahora bastante oscuro, pero del cual en psicología no podemos prescindir, es el de pulsión. Intentemos llenarlo de contenido desde diversos lados.”[7].

Lacan
En su seminario “El Yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica”, Lacan señala sobre ese texto freudiano: “Dicen que Freud no es filósofo. De acuerdo, pero no conozco texto sobre la elaboración científica que sea más profundamente filosófico… escrito en 1915… después de Galileo… pero antes de Einstein. En consecuencia, perpetua reestructuración de los conceptos, capaz de hacer estallar lo que se ha dado en llamar marcos racionales... el contenido de los conceptos fundamentales fijados en definiciones se modifica así continuamente….”

Por otra parte, la ironía de Lacan no hace más que realzar al Freud que en “Inhibición, síntoma y angustia” escribía: “no soy… partidario de fabricar cosmovisiones. Dejémoslas para los filósofos, quienes…hallan irrealizable el viaje de la vida sin un Baedeker que dé razón de todo… esas «guías de vida» envejecen con rapidez… son intentos de sustituir el viejo catecismo… sabemos cuán poca luz ha podido arrojar hasta ahora la ciencia sobre los enigmas de este mundo; pero todo el barullo de los filósofos no modificará un ápice ese estado de cosas… Cuando el caminante canta en la oscuridad, desmiente su estado de angustia, mas no por ello ve más claro”. [8]

Probablemente, el recorrido anunciado al inicio del trabajo podría finalizar aquí. Sin embargo, y a riesgo de reiterar algunos asuntos considero importante transitar otros momentos de la producción freudiana, que trasmiten la firmeza de su posición.[B]         En 1917, poco tiempo después del artículo sobre las pulsiones, en la tercera de sus “Conferencias de introducción al psicoanálisis” escribía: “… Sería un error creer que una ciencia consta íntegramente de doctrinas probadas con rigor, y sería injusto exigirlo. Una exigencia así sólo puede plantearla alguien ansioso de autoridad, alguien que necesite sustituir su catecismo religioso por otro, aunque sea científico. La ciencia tiene en su catecismo sólo muy pocos artículos apodícticos; el resto son aseveraciones que ella ha llevado hasta cierto grado de probabilidad. Es justamente signo de que se tiene un modo de pensar científico el darse por contento con esas aproximaciones a la certeza, y poder continuar el trabajo constructivo a pesar de la ausencia de confirmaciones últimas.” [C]

El “encuentro” con la pulsión de muerte y el “Más allá del principio del placer”, lo enfrenta a problemas “innumerables, a los que todavía no es posible responder. Pero debemos ser pacientes y esperar que la investigación cuente con otros medios y tenga otras ocasiones. También hay que estar preparados para abandonar un camino que se siguió por un tiempo, si no parece llevar a nada bueno. Sólo los creyentes que piden a la ciencia un sustituto del catecismo abandonado echarán en cara al investigador que remodele o aun rehaga sus puntos de vista…”.[9]

Como en tantos otros lugares de su obra es en la creación artística donde obtiene, a renglón seguido, consuelo “por la lentitud con que progresa nuestro conocimiento científico:

«Lo que no puede tomarse volando

hay que alcanzarlo cojeando.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

La Escritura dice: cojear no es pecado» .

Ningún prurito para abandonar un camino que no se muestre fructífero, ningún afán por hacer lugar a ese único enemigo serio, la religión; y también un modo, tal vez, de “exorcisar” por la vía poética el horror a lo nuevo, que como lo señala en “Las resistencias contra el psicoanálisis” debería estar ausente en la labor científica, ya que ésta por su carácter siempre “incompleto e insuficiente… está condenada a confiar… en nuevos descubrimientos y concepciones. A fin de no sufrir fáciles desengaños, hará bien en abroquelarse en el escepticismo y no aceptar nada nuevo que no haya resistido un riguroso examen. No obstante, en ocasiones este escepticismo… se pone rígido frente a lo nuevo que llega…tiene por sacrosanto a lo ya consabido y creído, contentándose con desestimar aquello, aun antes de someterlo a indagación. Pero así se revela como la continuación de aquella reacción primitiva frente a lo nuevo, como el pretexto para conservarla… en la historia de la investigación científica las innovaciones tropezaron a menudo con una intensa y obstinada resistencia que luego se demostró injusta, porque la novedad era valiosa y sustantiva….”          

En 1926, a partir del debate generado por la acusación contra T. Reik por practicar el psicoanálisis sin tener título de médico, Freud escribe un extraordinario trabajo “Pueden los legos ejercer el psicoanálisis? Diálogo con un juez imparcial”, en el cual en la conversación con un interlocutor supuesto escribe lo siguiente: “Se la presentaré (la teoría) dogmáticamente, como si fuera un edificio doctrinal acabado. Pero no crea que nació así de golpe, como si fuera un sistema filosófico. La hemos desarrollado muy poco a poco, luchando largo tiempo para conseguir cada pieza, y la modificamos de continuo en estrecho contacto con la observación, hasta que por último cobró una forma en que parece servirnos para nuestros fines… Desde luego, no puedo garantizarle que su actual forma de expresión será la definitiva…. la ciencia no es ninguna revelación; carece… de los caracteres de precisión, inmutabilidad e infalibilidad, tan ansiados por el pensamiento humano. Pero, así como es, es todo lo que podemos tener…nuestra ciencia es muy joven, apenas de la edad del siglo, y se ocupa del asunto quizá más difícil que pueda plantearse a la investigación humana…”[10]

Ocuparse del asunto más difícil para la investigación humana: ¿desenfreno narcísico? ¿sobrevaloración desmesurada? Nada de eso, ni más ni menos que el intento de enfrentarse a la dificultad de que, como lo señalaba Pablo Grimoldi en la presentación de la publicación del trabajo de cátedra “al sujeto del psiquismo lo estudiamos con psiquismo, y eso tiene consecuencias reales en las prácticas que escuchan el malestar en la cultura”.[11]

          Son numerosas las ocasiones en que Freud se preguntó ¿para qué trabajamos, qué queremos alcanzar? Su respuesta, siempre impregnada de una aspiración científica, ha tenido sin embargo el aderezo de soportar la ambigüedad, sin caer en la falta de rigor y sin dejar de tener en cuenta que no es más que “una ilusión esperar algo de la intuición y del abismarse en uno mismo; apenas pueden darnos algo más que noticias - de difícil interpretación- sobre nuestra propia vida anímica…”[12]

          Así lo formulaba en “El porvenir de una ilusión”, donde agregaba “que nuestra organización… nuestro aparato anímico se ha desarrollado… en el empeño por escudriñar el mundo exterior, y… tiene que haber realizado en su estructura alguna adecuación al fin;… él mismo es un componente de ese mundo que debemos explorar, y… consiente tal exploración… la tarea de la ciencia queda bien circunscrita si la limitamos a mostrar cómo el mundo tiene que aparecérsenos a consecuencia de la especificidad de nuestra organización… los resultados finales de la ciencia, justamente a causa del modo de su adquisición, no están condicionados sólo por nuestra organización, sino por aquello que ha producido efectos sobre esta; y, por último, que el problema de la constitución que el mundo tendría prescindiendo de nuestro aparato anímico percipiente es una abstracción vacía, carente de interés práctico. No; nuestra ciencia no es una ilusión. Sí lo sería creer que podríamos obtener de otra parte lo que ella no puede darnos”.[D]

          Para concluir, digamos que frente a la apelación a la pureza de un supralenguaje que desea constituir un discurso que no haga lugar a equívocos, la aproximación freudiana lleva a introducir otras categorías. Lacan comentaba que “la revolución freudiana toma su sentido, como toda revolución, de sus coyunturas, es decir de la psicología que reina a la sazón[13]  Esa revolución, la postulación de lo inconsciente, producida por Freud a partir de los fundamentos científicos de su tiempo, con los cuales se formó y a los que no dejó de ser fiel, implica advertir que en psicoanálisis, las ideas claras y distintas no marchan.

Febrero del 2015





[1] J. Lacan, El Yo  en la Teoría de Freud y en la Técnica Psicoanalítica, seminario del 26 de enero de 1955, Paidós, página 145

[2] J. Lacan, Más allá del principio de realidad. Escritos

[3] S. Freud, Fragmento de análisis de un caso de histeria, Amorrortu, Volumen 7

[4] S. Freud, Introducción del narcisismo, Amorrortu, Volumen 14

[5] S. Freud, Pulsiones y destinos de pulsión, Amorrortu, Volumen 14

[6] El término Grundbegriff , concepto fundamental, categoría proviene del lenguaje tradicional de la filosofía.
[7] La edición del seminario realizada por Paidós, transcribe la versión francesa del texto de Freud, con la cual trabajó Lacan y es la siguiente: “Es conveniente -suele oírse decir-que una ciencia se apoye en conceptos fundamentales claros y bien definidos. En realidad, ninguna comienza por semejantes definiciones, aunque se cuente entre las más exactas. En su verdadero comienzo, la actividad científica consiste más bien en describir fenómenos que más tarde agrupará, clasificará y ordenará en determinados conjuntos. Pero ya entonces, cuando sólo se trata de describir, es inevitable aplicar al material ciertas ideas abstractas tomadas de alguna parte, y ciertamente no extraídas sólo de la nueva experiencia. Tales ideas, conceptos fundamentales de la ciencia, resultan ser todavía más indispensables cuando se sigue trabajando la misma materia. Al principio contienen necesariamente cierto grado de incertidumbre, y no es el caso de delimitar su contenido con nitidez. En tanto se encuentran en ese estado, es posible entenderse sobre su significación apelando repetidamente al material experimental del que parecen extraídas siendo que en realidad dicho material está sometido a ellas Poseen, pues, hablando con propiedad, el carácter de convenciones; todo depende de que su elección no haya sido arbitraria, sino de que se las haya designado en virtud de sus importantes relaciones con materias empíricas cuya existencia puede postularse incluso antes de haberla reconocido y probado Sólo un estudio más profundo del conjunto de los fenómenos considerados permitirá desentrañar mejor sus conceptos científicos fundamentales, y modificarlos progresivamente a fin de volverlos utilizables en amplia escala, liberándolos así de toda contradicción. Habrá llegado entonces el momento de encerrarlas en definiciones. El progreso del conocimiento no admite tampoco en éstas ninguna rigidez. Como lo demuestra, brillantemente, el ejemplo de la física, el contenido de los conceptos fundamentales fijados en definiciones se modifica así continuamente. De un semejante concepto fundamental y convencional, por ahora bastante oscuro pero del que no podemos prescindir en psicología, el de instinto, o, dicho de otro modo, pulsión, vamos a hablar ahora.”

[8] S. Freud, Inhibición, síntoma y angustia, Amorrortu, Volumen 20

[9] S. Freud, Más allá del principio del placer, Amorrortu, Volumen 18

[10] S. Freud, ¿Pueden los legos ejercer el psicoanálisis? Discusión con un juez imparcial, Amorrortu, Volumen 20

[11] Pablo Grimoldi, Comentario de textos I, Publicación de la cátedra, 2013

[12] S. Freud, El porvenir de una ilusión, Amorrortu, Volumen 21

[13] J. Lacan, Más allá del principio de realidad, Escritos



[A] Tras la lectura del trabajo, Pablo Grimoldi realizó el siguiente comentario, totalmente pertinente:

El  material empírico o lo que Freud en el siguiente párrafo llamará “fenómenos en cuestión” no comandan el proceso cognitivo, éste es sometido a la idea abstracta y al significado –en este párrafo a Freud se lo escucha muy poco empirista- Digamos, tal vez apresurándonos un poco, que el material empírico no es de ninguna pureza y autonomía, sino que nos aparece ya afectado de sometimiento.”

[B] En este punto, Grimoldi escribe lo siguiente: “(¿Epistemológica, gnoseológica, epistemológico psicoanalítica?).”
Su comentario resonó en un punto interesante para mí, ya que en el momento de poner un título
al trabajo pensé en Epistemología freudiana, y finalmente lo dejé de lado ya que  me parecía un 
tanto "presuntuoso", que no estaba suficientemente desarrollado ese asunto. Pero su 
interrogación me hace volver sobre la cuestión de la firmeza de la posición de Freud. En todo
 caso y provisoriamente quizá podría agregar como subtítulo “Un esbozo de epistemología 
freudiana”.

[C] Aquí Pablo señala: “Es importante el lugar y las características de la certeza. A mi entender hay una primer diferenciación posible a tener en cuenta: Certeza, Creencia y Supuesto. Hay quienes ubican a la Certeza en el registro real, de J. Lacan, a la Creencia en el registro imaginario y al Supuesto en el registro simbòlico).


[D] Grimoldi anota: “Claro. No se postula una organización natural y autónoma”.

sábado, 4 de abril de 2015

Entrevista a Colette Soler



          En agosto de 2004 Emilia Cueto realizó una interesante entrevista para El sigma e Imago-Agenda, a la psicoanalista francesa Colette Soler, quien se encontraba en Buenos Aires. Aquí algunos tramos de lo que Soler señaló en esa ocasión, a partir de la inteligente interpelación de su entrevistadora.
Colette Soler

          Decía Soler que “Lacan vivo es su texto… tengo recuerdos de su persona, de mi análisis con él… de sus seminarios… lo importante es la orientación que surgió de su obra… trabajo estos textos y verifico cada vez más que, incluso cuando un texto parece difícil de entender… si se explica bien, si se trabaja bien, arroja una luz que sirve en la práctica analítica… Un amo como Lacan, o como Freud… amo en la medida en que los dos -Freud primero… porque inventó el dispositivo completo, pero Lacan, también- son inventores de un nuevo discurso. Por eso, los podemos llamar amos… de orientación teórica y práctica en el campo del análisis.”

          Acerca del dispositivo del cartel, señalaba Soler que “una garantía tiene más valor si se otorga no entre conocidos… El cartel es algo… esencial… porque es una pequeña estructura donde uno no trabaja solo… habla con otros, intercambia; así posibilita ver si lo que dice se entiende, se transmite, y… recibir aportes de los demás… no es una estructura de enseñanza en la cual uno hace un seminario y los demás escuchan… es una estructura que permite a cada quien, -a su nivel-, elaborar y progresar… una estructura pequeña y localizada…”.


          En cuanto a lo que Lacan decía respecto a que las mujeres y los hombres no tienen la misma ubicación en relación al síntoma, Soler comentaba que “se percibe muy bien… en las fórmulas. Cuando se dice: Un hombre tiene un síntoma fundamental, más allá de los síntomas múltiples, una mujer es un síntoma de un hombre. Ahí las fórmulas ya marcan una diferencia. Creo que esta diferencia repercute al nivel del final… Lacan contesta a la pregunta ¿qué quiere una mujer? desde 1958 en los textos sobre… la sexualidad femenina… que se encuentran en los escritos. Produce una respuesta sobre este punto. Después, la desarrolla… y amplía en El atolondradicho”.

          Sobre lo Freud llamó la perversión polimorfa, las fragmentaciones de las zonas erógenas, de las pulsiones, los ensayos sobre la sexualidad acota Soler que “fue un escándalo, pero ahora es una banalidad. Todos saben eso, y lo que Freud sacó de la represión con tanto esfuerzo, ahora, se encuentra exhibido en la superficie del discurso sobre las pantallas de la televisión y es como si el mensaje freudiano hubiera pasado… Las pulsiones reprimidas que él descubre vía el desciframiento del síntoma, no las descubre observando a los sujetos. Observando a los sujetos descubre en el marco de la educación de su tiempo… victoriana, bien normativa, los ideales… normas… buenas conductas y… síntomas que impedían funcionar cosas. En todo eso, no hay nada que indique la presencia pulsional. Es descifrando los síntomas que descubre lo que detrás del síntoma se fabrica (podemos decir, a partir de las pulsiones reprimidas y el desplazamiento de las pulsiones reprimidas). Freud… solo esperaba que, quizás, el psicoanálisis pudiera impedir una represión demasiado feroz de las pulsiones, pero… nunca anticipó el hecho que la represión de las pulsiones podría bajar al punto que vemos ahora”.

          Y continuaba Soler señalando que “…el análisis desde Freud tiene el efecto de hacer aparecer el hecho de que los ideales vienen del Otro, del lenguaje. Ahora… los analizantes… intentan construir una pareja… inventar cada uno una manera de vivir con el otro en el tiempo, no solo un… par de años… algo que se sueña de eso, de algo que atraviesa la vida… Y… se formula así, porque no hay más tipo ideal, y cada uno se arregla con su cada uno o su cada una”.

          Luego manifestaba que “…cuando digo que la pareja es sintomática me refiero a la idea que Lacan ha formulado de diversas maneras, pero finalmente, con la expresión "No hay proporción sexual", lo que quiere decir sencillamente que en el Otro, el Otro del discurso, el Otro del lenguaje, no hay inscripción de una pareja de goce, hay ideales, mujeres ideales, hombres ideales. Son significantes finalmente. En el Otro, hay los significantes de la mujer, los significantes del hombre, de los niños… pero eso no dice nada del aspecto viviente del goce corporal, y especialmente, en la pareja. La elección del partenaire se encuentra determinada vía el inconsciente. Es lo que significa decir: es sintomática. Y no puede ser otra cosa que sintomática… porque no hay una inscripción universal y, tampoco, un lazo natural, como se da en los mamíferos superiores. El macho va a la hembra. En la especie humana no es así.”

          Finalmente subrayaba Soler que “…el psicoanálisis puede curar los síntomas clásicos, obsesión, fobia, pero más allá de eso… muchas veces -no siempre, pero con muchos sujetos- cambia algo al nivel de la manera de relacionarse al otro sexo, incluso, es a este nivel el verdadero efecto. Y es por eso, por ejemplo, que Lacan comenta el caso de El hombre de las ratas, de Freud. Freud ha curado al hombre de las ratas de manera magnífica de su obsesión, pero sin su obsesión el hombre de las ratas era todavía un neurótico con una relación a la muerte y a la mujer que necesitaba un poco más de análisis...”

Para leer el texto completo de la entrevista: