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lunes, 22 de diciembre de 2014

Dafnis y Cloe, una historia de Amor. Pablo Grimoldi


                                                      "No soy niño, aunque parezco niño, sino más viejo que Saturno. Yo soy anterior al tiempo todo".
Dafnis y Cloe o las pastorales. Longo.


Filetas es un viejo pastor, respetado en un pueblo de pastores. La vejez lo llevó al reposo. Cultiva con sus propias manos un huerto que según cuenta "cuanto se cría en todas las estaciones, allí se encuentra cuando la estación llega". En este huerto hay árboles, y también flores, muchas flores, de distinto tipo. Dice que los pájaros acuden a bandadas cuando amanece; unos vienen a picar, otros para cantar a gusto porque es de su agrado la sombra y los tres arroyos que por allí pasan.
Filetas, además, lleva en su cuerpo historia de Amor.
Dafnis y Cloe son dos chicos, pastores de ovejas, chivos y cabras; él es un muchacho de quince años, ella...Cloe, tiene trece. Desde muy chicos pastorean juntos y, como en muchas otras ocasiones, en esta se encontraban jugando, luchando y forcejeando. Como chicos luchaban hasta caerse en un abrazo, para así rodar buscando estar, cada cual a su vez, uno encima del otro. Así se divertían cuando se les apareció el viejo Filetas. Filetas estaba dispuesto a hablarles y se les presentó: "Yo hijos míos, soy el viejo Filetas, el que tantos cantares entonó a estas Ninfas y tantas veces tocó la flauta en honor de aquel Pan. Con mi música sólo he guia­do yo numerosa vacada. Ahora vengo a vosotros para contaros lo que vi y participaros lo que oí..."."...Hoy (en mi huerto), a eso de mediodía; he sorprendido a un muchacho que tenía granadas y arrayán, y era blanco como la leche, rubio como la llama y limpio y luciente como recién salido del baño. Estaba desnudo y solo se entretenía en saquearme el huerto como si fuera suyo. En balde me eché sobre él para prenderle, receloso de que me destrozase arrayanes y granados con sus travesuras, porque él me esquivó ágil y leve, ora deslizándose entre los rosales, ora escabulléndose entre las malvalocas como perdigonzuelo".
Filetas, que como pastor supo ser ducho en agarrar chivos y cabras, se dio cuenta que esta "res" era de otro orden, y que no ha­bría quien sepa cazarla. Entonces, abandonando los esfuerzos, em­pieza a hablarle: le pregunta enojado, enérgicamente ¡quién de sus vecinos era y porqué entraba así a robarle!
El muchacho se le acerca, sin responder palabra, se pone jun­to a él y sonriendo con singular ternura le arroja a la cara los gra­nos de mirto.
Cuenta Filetas, que no sabe cómo pero le ablandó el corazón y le quitó el enojo. Le pidió que se dejase agarrar, que no le tuvie­ra miedo, que él le daría todas las flores y los frutos que quisiera, que podría volver a su huerto todas las veces que quisiera a cam­bio de tener de él tan solo un beso.
"Rióse el muchacho al oírme con risa sonora, y salió de su pe­cho voz más dulce que el cantar de la golondrina, del ruiseñor y del cisne cuando es viejo como yo...¡Ay mi Filetas, dijo, nada me cuesta que me beses!. Más gusto yo de besos que tú de remozar­te. Mira, con todo, si el don que pides conviene a tus años, los cua­les no te valdrían para quedar excento de perseguirme cuando me hubieras besado, y no hay águila ni gavilán, ni ave alguna de rapi­ña que me alcance, por ligera que sea".
"No soy niño, aunque parezco niño, sino más viejo que Satur­no. Yo soy anterior al tiempo todo".
Este extraño muchacho le dijo que lo conocía desde hacía mucho tiempo, que había estado muy cerca de él aunque no lo viera. Que había estado con él cuando estuvo enamorado de Amarilis. Le dijo que él le había dado a Amarilis, esa mujer con la que tuvo hijos. Y también le dijo que hoy cuidaba a Dafnis y Cloe.
Después de esto, salió el muchacho, revoloteando por los ár­boles como un pájaro y saltando de rama en rama, Filetas pudo ver que tenía alas en la espalda y entre las alas un arco para lue­go no ver nada de eso, ni tampoco verlo más a él.
Dafnis y Cloe que escuchan a Filetas, también escucharon que les dijo: "Ahora bien, si no he vivido en balde, si con la edad no he llegado a perder el juicio, yo os declaro hijos míos, que estáis consagrados a Amor y que Amor cuida de vosotros".
Amor es un dios que puede más que Júpiter, dispone los gér­menes de donde todo nace; manda sobre los otros dioses; las flo­res son obra de él. Por la virtud de Amor corren los ríos y los vien­tos suspiran. Aparenta ser un niño, y tal vez lo sea y así aún, su in­fluencia es la de un poderoso dios entre los hombres.
De esta forma, Dafnis y Cloe, escucharon por primera vez el nombre Amor.

Extraño dolor

Dafnis pastoreaba cabras y chivos, Cloe ovejas. Estaban todo el día juntos hasta que, llegada la noche, cada uno se iba a su casa. Du­rante el dia, mientras los animales apacentaban, Cloe, con juncos ha­cía jaulas para cigarras; Dafnis cortaba cañas delgadas, de distinto ta­maño, las pegaba con cera y así armaba un cicus, al cual intentaba sacarle distintos sonidos. A menudo compartían ambos la leche y el vino y se comían juntos la comida que cada uno había traído.

Un día sucedió que Dafnis cayó distraídamente en una tram­pa para lobos que habían hecho justamente para terminar con aquel que les comía a sus animales. Saliendo del pozo fue hasta la fuente de las Ninfas para limpiarse: "...se puso a lavar el cuerpo todo". "Cloe que miraba a Dafnis le halló hermoso y, como hasta allí no había reparado en su hermosura, imaginó que el baño se la prestaba. Cloe lavó luego las espaldas de Dafnis y halló tan suave la piel, que de oculto se tocó ella muchas veces la suya para decidir cuál de los dos la tenía más delicada".
Al otro día, Cloe vio a Dafnis tocando la flauta mientras cuidaba a sus cabras. Y otra vez le pareció hermoso, y pensó que la música lo hermoseaba. Volvió a verlo bañándose y sintió como fuego al verle, y volvió a alabarle, y "fue principio de amor la alabanza".
Cloe empezó a sentir inquietud en el alma, no podía dominar sus ojos y hablaba mucho de Dafnis. No comía de día, velaba de noche y descuidaba sus ovejas. Reía ,y luego o al mismo tiempo lloraba, se dormía y se despertaba sobresaltada. Su rostro se cubría de palidez y luego ardía de rubor. "Nunca se agitó más becerra picada de tábano".
Ella pensaba: "Estoy mala e ignoro mi mal, padezco y no me veo herida, me lamento y no perdí corderillo, me abraso y estoy sentada a la sombra. Mil veces me clavé las espinas de los zorzales y no lloré, me picaron las abejas y pronto quedé sana. Sin duda que esta picadura de ahora llega al corazón y es más cruel que las otras".

Los regalos: artificio y malicia de los amadores

Dorcón era un joven pastor de bueyes que empezó a gustar de Cloe. Viendo que ella no se separaba de Dafnis, para acercarse llegó con regalos para ambos. De a poco iban disminuyendo los regalos para Dafnis y en franco aumento los dirigidos a Cloe. Ignorante, ella, del artificio y malicia de los amadores, tomaba los regalos y se alegraba más aún porque con ellos podía regalar a Dafnis. Pero no tardó mucho hasta que sobrevino la contienda entre Dorcón y Dafnis. Cloe tenía que sentenciar acerca de la hermosura. Ella tenía que decidir quién era el más bello y como premio darle un beso.
Así primero Dorcón y luego Dafnis, fueron exaltando sus atributos y subestimando los de su contrincante. Terminada la exposición de Dafnis, Cloe no supo ya contenerse, "...y movida de la alabanza y más aún del largo anhelo que por besar a Dafnis sentía, se levantó y le besó, beso inocente y sin arte, pero harto poderoso para encenderle el alma".
Dafnis no parecía haber sido besado, sino mordido. Suspiraba con frecuencia, no reprimía la agitación de su pecho; la miraba a Cloe y se ponía rojo como la grana. Parecía salir de la ceguera porque empezó a mirarle cabello, rostro y piel.
¿Qué me hizo el beso de Cloe?, se preguntaba. Sus labios son más suaves que las rosas, su boca más dulce que un panal, y su beso más punzante que el aguijón de las abejas, decía.
Dafnis se daba cuenta que ese beso era diferente a otros besos. "Me falta el aliento, el corazón me palpita, se me derrite el alma, y a pesar de todo, dice, quiero más besos...". "¡Oh, extraña victoria!, ¡Oh dolencia nueva cuyo nombre ignoro!". Dafnis llegó a preguntarse si Cloe no habría tomado veneno antes de besarlo.
Así se quejaba Dafnis, probando los tormentos de Amor por primera vez.

Extraño mal

Correría de ladrones y algaradas de enemigos es lo que también vio Longo en la pintura, esa pintura que lo impulsó a escribir su novela. Así, los días de Dafnis y Cloe corrían también lastimados por robos, agresiones, peleas, esbozos de guerras y ultrajes.
Finalizada una de esas jornadas, nos cuentan que llegada la noche, Dafnis y Cloe se despidieron y se fueron a dormir. La fatiga fue remedio del mal de Amor; pero venido el día, padecieron de nuevo el mismo mal. Se alegraban al verse, les dolía separarse, estaban desazonados, deseaban algo e ignoraban qué. Sólo sabían: él, que, origen de su mal era un beso, y ella, que origen de su mal, era un baño.

Extraño este mal que requiere de un remedio, extraño el remedio que no impide el retorno del dolor.
En una siesta, Cloe queda dormida y Dafnis se puso a "mirarla toda", no se hartaba de mirarla y dijo en voz baja: "¡Cómo duermen sus ojos!., ¡cómo alienta su boca!.. Ni las frutas ni el tomillo huelen mejor...pero no me atrevo a besarla. Su beso pica en el corazón y vuelve loco como miel nueva".
Dafnis tenía el dolor en el corazón como si hubiera tomado ponzoña y su aliento ya era fuerte y agitado, como de alguien a quien persiguen, ya desfallecido, como por el cansancio de la fuga. Cloe le resultaba temible y pensaba que su alma estaba cautiva como todo él lo había estado de piratas..."es que como pequeño que era, ignoraba las piraterías del amor".
Filetas, también podía contar lo que le había producido la entrada de Amor en su cuerpo:"...Yo vi al toro en el celo, y bramaba como picado por tábano, yo vi al macho enamorado de la cabra, y por todas partes la seguía. Yo mismo cuando mozo, amaba a Amarilis, y ni me acordaba de la comida, ni tomaba de beber, ni me entregaba al sueño. Me dolía el alma, me daba brincos el corazón y mi cuerpo languidecía, ya gritaba como si me azotasen, ya callaba como muerto, a veces me arrojaba al río para apagar el fuego en que me quemaba; a veces pedía socorro a Pan, porque amó a Pitis; elogiaba a Eco, porque después de mi, llamaba a Amarilis, o rompía mi flauta porque atraía a mis vacas y a mi Amarilis no la atraía. Ello es que no hay remedio para Amor: ni filtro, ni ensalmo, ni manjar con hechizo, no hay más que besos, abrazos y acostarse juntos desnudos".
Dafnis y Cloe escucharon esto de Filetas. Se besaron y se abrazaron, les dio vergüenza acostarse juntos pero luego lo soñaron. Al día siguiente volvieron a jugar, a besarse y a abrazarse-..."tanto se besaron...". Como Dafnis apretase con mayor violencia, Cloe se cayó sobre un costado, y Dafnis, siguiendo la boca de Cloe para no perder el beso, se cayó también. Reconocieron entonces, en aquella postura la que en sueños habían tenido, y se quedaron así durante mucho tiempo, como si estuvieran atados.
Extraño el mal de Amor; astilla, aguijón, picadura. Agradable el mal de Amor.
Mal que llama a un remedio, remedio que se busca y que se desea, remedio que no está para curar porque el aguijón persiste en su agradable dolor.

Orígenes

El presente texto lo escribí luego de haber leído y disfrutado la novela de Longo: Dafnis y Cloe, o las pastorales. La traducción de Valera me pareció tan bella que usé, a menudo, sus palabras, quedando las mías para el comentario que imponía el desarrollo del trabajo. Del recorte realizado soy plenamente responsable, tomé el sector de la novela que con más insistencia se me impuso y el que decidí transmitir.
La lectura de este trabajo, fue realizada en "El jardín de las delicias", espacio, que como otros hace a "Cuestiones del psicoanálisis". Fue leído en un encuentro de analistas en la ciudad de Ramos Mejía, provincia de Buenos Aires, un día de otoño del año dos mil tres.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Lo no integrado - empuje a otra cosa. Pablo Grimoldi



                                                   (…) pues a quienes creen en los cuentos

                                                   de hadas no les es grato oír mentar la innata

                                                   inclinación del hombre hacia “lo malo” a la

                                                   agresión, a la destrucción y con ello también a la crueldad”.

                                                   S. Freud. “El malestar en la cultura”, Cap. VI.

Cuando Lacan, en el Seminario VII, apartado “La paradoja del goce”, cap.  La pulsión de muerte, le responde a Bernfeld y Feitelberg:  “ La pulsión como tal, y en la medida en que ella es entonces pulsión de destrucción debe estar más allá del retorno a lo inanimado”, le habla a ese freudismo ortodoxo que leyó la pulsión en el contexto de una interpretación de los sistemas que poseen una tendencia general al retorno a un equilibrio. Es en este sentido que se hace necesario poner a la pulsión más allá del retorno a lo inanimado. Porque según esa lectura se trataría de una aspiración general de todo lo animado a retornar a la quietud del mundo inorgánico fácilmente subsumido a la idea de muerte, apología de la falta de tensión de fuerzas encontradas o de un principio  de Nirvana llevado al extremo.

La lectura que hicimos de “Más allá del principio del placer”, nos llevó a examinar el enrarecimiento al que Freud se ve llevado a someter a dos palabras para incorporarlas al campo analítico. Estas son “lo inanimado” y “lo conservado”.

“Más allá…”  es un texto con mucho movimiento, desde el título ya se enuncia. Las nociones están al servicio de planteos y momentos clínicos para torcerse o cambiar de plano según el ordenamiento de las observaciones y los fenómenos.

     El principio del placer, en primera instancia, aparece formando parte del funcionamiento primario del aparato psíquico. Situación que se torna peligrosa para lo que se vivencia como la autoafirmación del organismo. En tensión y conflicto con este principio de placer y la satisfacción pulsional correspondiente, se plantean las pulsiones de conservación trabajando a favor de esta autoafirmación. Autoafirmación que es integración y acuerdo con el principio de realidad.

De esta forma, tenemos así, una primer oposición que permite entender un sector del malestar pero nos deja con el problema de constituir dos tipos de pulsiones enfrentadas, a las que le adjudicamos características distintas. Ahí “conservación”  está junto a integridad yoica y atención al principio de realidad. Se trata de un tipo de pulsión aceptada y en consonancia con el yo. De aquí sale la pregunta clásica sobre si las pulsiones que forman la unidad del yo, son o no son verdaderas pulsiones.

En el transcurso del texto, la secuencia del placer-displacer va cambiando de plano hasta llegar a la afirmación de que “todo displacer neurótico es placer que no puede ser sentido como tal”.

Este texto presenta la riqueza del testimonio de una elaboración clasificatoria de principios y de pulsiones que se va ajustando implacablemente a los movimientos del sufrimiento y la satisfacción del sujeto en el dispositivo analítico. Una prueba de esto, es el compacto recorrido que hace Freud en el cap. III sobre los cambios de fines y objetivos, a los que se vio llevada la técnica psicoanalítica en los 25 años de labor que tenía. En la última de las tres etapas que menciona, pone en el centro de la escena a la OBSESION DE REPETICION, que por su tenacidad y perseverancia tilda de diabólica y demoníaca.

Ahora, entonces, la clasificación de las pulsiones buscada y la propia definición de pulsión siguen muy de cerca de esta repetición compulsiva.

Y allí, la enumeración freudiana, tiene como factor común, circunscribe por su insistencia, lo que se nombra como “fracaso”:

  • La vida anímica de la neurosis traumática.
  • La vida sexual infantil…que sucumbe por la incompatibilidad de los deseos con la realidad. La investigación sexual infantil.
  • El amor golpeado por el engaño. El encuentro con la infidelidad de la persona amada. La instalación de la impresión del desprecio. Encuentro con los objetos de celos.
  • La impronta de la separación traída desde los más tempranos juegos infantiles.
  • Marcas que se instalan con la potencia de la tragedia.
  • Tragedias que cuando, siendo adultos, nos encuentran como espectadores no nos ahorran dolores y sin embargo, pueden ser sentidas con un elevado placer.

El fracaso tiene sus nombres y el análisis los encuentra incólumes, resistentes a los beneplácitos de las sustituciones.

El aparato anímico arroja fracaso. Pero con la salvedad de que aquí también tendríamos que pensar, que es fracaso para un sistema y logro para otro. El fracaso en el saber, en el amor y en la sexualidad: se constituyen como “lo desligado”, “lo indómito”, “lo no integrado” que retorna en la vida de un sujeto.

Alrededor de esto, surge una pregunta de Freud que se constituye en guía de lectura: ¿de qué modo se halla en conexión lo pulsional con la obsesión de repetición?. Y responde ni más ni menos, que es por esta conexión que se puede encontrar un carácter general de la pulsión: “…La pulsión sería (dice Freud), una tendencia propia de lo orgánico vivo a la reconstrucción de un estado anterior que lo anímico tuvo que abandonar”.

Dado esto, podemos plantear dos asuntos:

  1. Este carácter general de la pulsión, ¿no es el paso que da Freud hacia una teoría no dual de la pulsión?
  2. Y el segundo asunto tiene que ver nuevamente con la dirección que toma una lectura. Entiendo que Freud, en este texto, no está hablando de una tendencia natural, propia de un sistema energético que lo conduce al retorno desde lo animado a lo inanimado en los términos de vida orgánica. Sino más bien de una tendencia a lo no ligado, a lo  no dominado por las fuerzas exteriores. Y se hace indispensable aclarar que cuando Freud habla de fuerzas exteriores o de principio de realidad se refiere a la prohibición y a la amenaza.

En el texto, esta tendencia, aparece nombrada como “pulsión conservadora”, dice: “pulsiones conservadoras que fuerzan a la repetición”.

La palabra “conservador”, “lo conservado”, se ha transformado. Ya aparece, que lo que se conserva, forma parte de lo más característico de la pulsión, ya muy lejos de lo que en principio teníamos como pulsiones conservadoras que hacían a la autoafirmación y a la unidad yoica.

Las palabras “inanimado” y “animado”, entiendo que en el texto, no dicen muerte y vida como en el campo de la ciencia, sino no es posible entender el siguiente párrafo: “En una época indeterminada fueron despertados en la materia inanimada, por la actuación de fuerzas inimaginables, las cualidades de lo viviente. Quizás fue este el proceso que sirvió de modelo a aquel otro que después hizo surgir la conciencia en determinado estado de la materia animada”.

Entiendo que lo que Freud  viene sosteniendo hasta aquí, es que lo inanimado es lo que se repite en tanto no integrado, no asimilado, no domado.

Desengaño amoroso, lo que se separa bajo la forma del hijo y su madre, el paciente y el analista. Se repite la presencia de lo que finaliza, el desgarro, la muerte como corte, lo que en acto se desliga. Lo que se repite como un momento que insiste en ser conservado. El desencuentro.

Lacan, luego de advertir no cargar las tintas sobre el sentido Schopenhaureano de la palabra “voluntad” dice: pulsión de destrucción, voluntad de destrucción, voluntad de Otra-cosa, en la medida en que todo puede ser puesto en causa a partir de la función del significante.
 2008

Trabajo publicado en Bahn 4, Cuestiones del psicoanálisis. ¿Qué nos reúne? Hacer con lo inasimilable


martes, 2 de diciembre de 2014

Clínica y deseo del analista. Pablo Grimoldi



Si tomamos un planteo clásico de la filosofía sobre la diversidad de los entes nos referiremos, una vez más, a la forma en que Lacan instala el problema del SABER. Tenemos que referirnos a esto porque nos permite diferenciar SABER - VERDAD y CONOCIMIENTO. El estatuto del saber no nos resulta superfluo porque lo encontramos en muchas afirmaciones cotidianas: saber inconsciente, saber no sabido, saber del psicoanalista y un amplio sector del trabajo con el concepto de transferencia nos deja en el planteo del sujeto-supuesto-saber.

Me parece importante poder establecer diferencias para apresar las líneas, los hilos de lo que llamamos clínica psicoanalítica. El asunto creo que es complejo porque los hilos que armamos no son todos iguales, no se aúnan y a su vez no se mantienen claros en su diferencia y encima se cruzan, se superponen... y no lo hacen caprichosamente ( la presentación del grupo de lectura puede dar testimonio en pocas palabras de esta complejidad ). Además estamos aprendiendo a preguntarnos si la particularidad de la clínica psicoanalítica tiene su consistencia en los hilos mismos, en los cruces y anudamientos mismos o en aquello que hace posible el anudamiento o en lo que resulta del anudamiento.

El planteo clásico de la filosofía que traigo para recordar es el que clasifica a los entes en entes sensibles, entes físicos, entes ideales y valores. Tomamos aquí a los entes ideales que son por ejemplo los matemáticos: los números, las figuras, los cuerpos geométricos ( hay otros entes ideales también como lo son las relaciones de identidad, la igualdad, la diferencia, la relación de mayor y menor, y otros). La característica principal de estos entes es su INTEMPORALIDAD, se caracterizan por no ser temporales, porque si lo fueran tendrían que haber tenido un comienzo en el tiempo, es decir que tendría que pensarse que hubo una época en la cual por ejemplo no existía el número 5 y de la misma manera podría llegar otra época en donde éste número desaparezca.

El planteo de que no haya existido el número 5 en una época o que en otra desaparezca, la consideran un absurdo y lo resuelven diciendo que a los entes matemáticos y sus relaciones, el tiempo no los afecta en absoluto. El tiempo solo tiene relación con el espíritu del hombre que es el que conoce a los entes y esto sí es susceptible de ser fechado. Así puede decirse que en el siglo VI a. C. se descubre el Teorema de Pitágoras, pero que el descubrimiento tenga autor y fecha no supone que lo tenga lo descubierto. La relación que se da en el teorema entre los lados del triángulo rectángulo es algo totalmente desvinculado del tiempo: esa relación vale desde siempre y para siempre.

Esa relación es descubierta, no es invento o producción, hasta entonces estuvo cubierta por el hombre, estuvo oculta y Pitágoras la saca a la luz pero la relación "ERA" aunque ningún hombre la conociera.

Bueno, en el mismo nivel pone Lacan el campo del álgebra, a la lógica que maneja la ciencia o a cualquier otro orden controlable al que se lo califica de verídico. Cita a Cantor y su dimensión del transfinito en los números, para preguntar: "¿ significa que este orden estaba esperando la operación de Cantor desde la total eternidad?”.

Esto lo pasamos fácilmente a nuestros asuntos y parafraseamos: ¿significa que el orden de los inconsciente y sus efectos: sueño, fallido, síntomas, neurosis, ¿estaban esperando la operación de Freud desde la eternidad?.

Lacan dice: "obviamente no vamos a cuestionar que el inconsciente haya hecho sentir sus efectos antes del acta-acto del nacimiento del psicoanálisis, pero de todos modos no está de más preguntar ¿quién lo sabía?". Aquí hay una articulación que no se puede escurrir: sueños, fallidos, síntomas, histeria vienen sucediendo pero no se saben hasta que Freud no las toma, produciendo que tengan el estatuto de suceso que no había.

El organicismo dice que el descubridor da con el orden que un suceso porta en su esencia, descubre lo que ya estaba... y no es falso decir que creen que las leyes descubiertas estaban desde tiempos inmemorables.

El planteo de Lacan sigue: "Está claro que la realidad es anterior al conocimiento, pero ¿el saber?. El saber no es el conocimiento”. Un ejemplo más: el saber vivir, el saber hacer, para esto no se requiere conocimiento. En este contexto y a los fines de precisar un poco, al teorema de Pitágoras y su sistema de relaciones lo podemos estudiar y así lo conocemos, una vez descubierto lo podemos conocer. Lo mismo pasa con las teorías de Cantor y con otras teorías que se tornan objeto de conocimiento para un sujeto del conocimiento, pero este no es el campo del saber. El saber está en lo que constituye el principio que estructura la experiencia. Lacan lo dice innumerables veces sobre muchos ejemplos: combinatoria significante, manipulación de letra, manipulación de cifra, relación del ser parlante al lenguaje... puntos específicos del acto y sus consecuencias. Y porque Lacan es psicoanalista y ya ha metido allí "otra cosa", anota lo que la ciencia desconoce: "La condición del progreso de la ciencia, es que no quiere saber nada de las consecuencias que este saber (el que estructura la experiencia) comporta a nivel de la verdad. A las consecuencias se las deja desarrollarse solas".

La verdad, es otro de los hilos que arma a la clínica psicoanalítica. El conocimiento no; no se constituye en vía de anudamiento justamente porque su esencia cobra consistencia en el desconocimiento de la combinatoria significante que lo produce. Más aún cuando ni siquiera se topa como la lógica (lógica de los cuantifícadores) con lo que ubican como lo INDECIDIBLE. Dicho sea de paso, este agujero de la lógica es el que revisa minuciosamente Lacan para darle lugar a la pregunta "¿qué es la verdad?".

Si volvemos a los entes ideales de la filosofía, podemos rescatar el hilo del saber ya que lo que deja entrever es que, como en el caso de Pitágoras, las relaciones estaban, el saber de esas relaciones estaba y solo fue necesario descubrirlas. La idea de que el alma haya almacenado desde tiempos inmemoriales, una cantidad de saberes, es lo que forma la base de la reminiscencia. La afirmación es que se recuerda lo que se sabe. Lo que rescatamos es que con este mito se instala la idea del sujeto como soporte del saber y a su vez no responde a la pregunta de cómo nace el saber de tal forma que sea sostenido por un sujeto. De hecho, la filosofía no tiene por qué plantearse esta pregunta... ¡si no hay un deseo que la motive!.

Si consideramos la situación hipotética de una proliferación de saber infinita e indefinida... ¿en qué afectaría al sujeto?, ¿ qué relación habría entre saber y verdad? La existencia de esta articulación... ¿no es la que introdujo Freud como y por un nuevo deseo en el mundo?.

Pensemos en la importancia que le dio a las teorías sexuales infantiles, que tanto extrañan y subestiman los adultos por su falta de adecuación a la verdad que conocen por la lógica y la ciencia, a lo que Freud se oponía diciendo que algo de verdad tenían, porque esa aparente construcción fantástica portaba una relación con lo que al nene le acontecía en el cuerpo como goce.

Así, las líneas de nuestra experiencia tienen que ligar VERDAD, SABER, CUERPO  ( GOCE ) .

Si volvemos a la pregunta del comienzo, en donde los efectos del inconsciente ya estaban antes de Freud... pero ¿quién lo sabía?, lo que tenemos que enlazar como un hilo más es el DESEO DEL ANALISTA, porque la verdad del lazo que armamos no va de suyo, de hecho no tiene valor para otros discursos. La verdad que plantea Freud en los sueños y en los síntomas, necesariamente lo tiene que incluir a él, no como persona sino como deseo inconsciente. Esto está en consonancia con la diferencia que plantea el psicoanálisis con todo el pensamiento Platónico y sus derivados, en donde "la verdad está a la espera de ser capturada".

Si nosotros pensamos las condiciones de nacimiento del saber y si postulamos con Lacan, que la verdad no está antes preestablecida, y que, se constituye en análisis como VERDAD INCURABLE articulada a la caída del sujeto-supuesto-saber, necesariamente, al deseo del analista hay que meterlo en los hilos de la clínica que hacemos.

¿Por qué Lacan insiste tanto sobre el análisis del propio analista?, ¿por qué remarca la condición de haber alcanzado el analista, en su análisis, en su final, la evocación de la verdad?. Esto es algo en lo que insiste de muchas maneras: lo hace también para darle marco al establecimiento de sujeto-supuesto-saber, a su caída, y a la constitución de la función del objeto a como resto... "experiencia por la que se supone que el analista tiene que haber pasado".

Me parece importante tomar la pregunta que hace Lacan al respecto: ¿cómo puede ser que el analista, luego de haber pasado en su propio análisis, por la experiencia de la destitución del sujeto-supuesto-saber, la experiencia de que algo queda irreductiblemente limitado en ese saber, la experiencia de la división del sujeto por el objeto a, que el analista que tuvo y que fue soporte-instrumento de estas operaciones que concluyeron en su caída... ¿cómo puede ser que después de haber pasado por esto, se ocupe el lugar de analista?.

           En forma, por cierto muy provisoria, podemos decir que el deseo del analista encuentra o va al encuentro, apunta a "algo" que se relaciona con su propia experiencia como analizante, pero no como experiencia pasada, sino como experiencia a pasarla cada vez. Si esto es así, ¿no lo convierte al analista a su vez en analizante, cada vez?

2008

Trabajo realizado en el marco de un Grupo de Lectura, "Clínica y deseo de analsita. Cuestiones de discurso", en 2008, en Cuestiones del Psicoanálisis.
Publicado en "Bahn 3. Cuestiones del psicoanálisis. Objeto y representación, 2008