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viernes, 1 de mayo de 2015

Joel Dor. Una añeja entrevista. Rolando Ugena



     “En… la Escuela Freudiana… se transmitía los conceptos en un idioma rígido, estático; la gente que concurría allí, hubo por supuesto excepciones, terminaban por practicar un catecismo que no entendían y que repetían como loros; más de una vez me di cuenta que no sabían de qué estaban hablando…”.



     Así se expresaba Joel Dor, en una entrevista que Blanca Moscato le realizara para el Diario La Razón, publicada el 9 de noviembre de 1986 con el título La enseñanza de la obra de Lacan.



Joel Dor
     Y continuaba Dor: “Esto… me impulsó a intentar una propuesta de enseñar Lacan, fuera de la Universidad y de las asociaciones psicoanalíticas…Pienso que Lacan realizó un esfuerzo particularmente importante al tratar de transmitir, en la forma de su enseñanza, la idea de la formación de los procesos inconscientes… utilizaba bastante a menudo las… homofonías…juegos de lenguajes o palabras, también para ejemplificar desplazamientos metonímicos o condensaciones metafóricas; esta tentativa original imaginariza e ilustra, pero no modifica en nada el contenido propiamente dicho de la enseñanza… Mi posición personal es que es perfectamente posible pensar en una enseñanza didáctica que se ahorre estas ilustraciones porque no altera en nada la textura o el contenido de su pensamiento…”.



     En esta entrevista, que como quedó expresado fue realizada en 1986, al ser interrogado respecto de las diferencias entre Freud y Lacan, desde la óptica de la transmisión, Dor respondía que:
Sigmund Freud



“…no hay comparación posible: por un lado, porque el pensamiento de Lacan sigue muy de cerca al de Freud; basta con leer los Seminarios que van desde el año 1952 a 1965-66, para darse cuenta que están concebidos y escritos en un estilo muy próximo al de Freud; la diferencia estriba en que Lacan introduce conceptos nuevos, aporta comentarios adicionales, de modo tal que el discurso freudiano se enriquece poco a poco, y al enriquecerse, evidentemente se hace cada vez más fino y complejo. Cuando se lee a Lacan, su pensamiento no resulta para nada esotérico…creo que fueron algunos de sus alumnos los que transformaron su discurso en hermético; las razones de estas deformaciones no las tengo del todo claras, pero pienso que…en realidad no trabajaban los textos…repetían de memoria fórmulas ya hechas, lo que da por resultado un discurso totalmente dogmático, y cuanto más dogmático, más hermético resulta.”



    Un llamado a leer, a trabajar el texto, que continúa siendo hoy absolutamente vigente y necesario. En un momento de la entrevista, Blanca Moscato le señala lo siguiente:



- “En la Conferencia que usted dictó sobre "El Saber de Lacan: ¿saber filosófico o saber analítico?", expresó que el saber filosófico y el saber inconsciente no se oponen son paralelos, ¿por qué entonces el sujeto trascendental, el del saber filosófico, es una de las máscaras más logradas de la alienación del sujeto?”
Jacques Lacan



Y Dor responde:



- “... estos dos saberes son paralelos y no se oponen… el saber inconsciente corre paralelo a todos los órdenes del saber, y no sólo al orden del saber filosófico. Lo que hace que el sujeto trascendental, sujeto del saber filosófico, y principalmente de la ciencia, constituya esta máscara tan lograda de la alienación del sujeto del inconsciente, es que por el efecto de la alienación directa del mismo sujeto, el sujeto inconsciente está siempre enmascarado por el sujeto del conocimiento; pero por otra parte, el sujeto trascendental en el saber filosófico, dada su ambición, que tiene que ver con todos los supuestos conocimientos posibles, se encuentra en una posición gnoseológica adecuada para disimular, amordazar, encerrar al sujeto del deseo, a1 sujeto del inconsciente.”



Ya en el tramo final del reportaje, Moscato le solicita la opinión acerca de las acusaciones que en Argentina se han vertido respecto de los lacanianos de hacer abstracción del mundo exterior, de una práctica aséptica respecto del entorno social,  y asentada en un discurso cercano al discurso del poder, Dor respondía:



“…es bastante cierto, el pensamiento de Lacan se desarrolló por sus alumnos y sucesores de un modo tan dogmático, que terminó por funcionar completamente en el registro del discurso del amo…un registro de discurso de verdad por el lado del poder, y además pienso que los alumnos de Lacan jamás se ocuparon, incluso muchos de los que lo rodeaban, de las repercusiones terapéuticas que su pensamiento podía tener en las instituciones hospitalarias. En Francia, principalmente durante los años 1970-75, el pensamiento lacaniano comenzó a infiltrarse en los hospitales, y algunos de ellos se transformaron en bastiones lacanianos, donde todo el trabajo terapéutico propuesto en nombre del psicoanálisis quedó íntimamente relacionado con Lacan. Cuando estos bastiones comienzan muy rápidamente a funcionar de manera autárquica, las instituciones no toleran más esta toma de poder, y se empieza a rechazar a los analistas lacanianos, al mismo tiempo que se aprovecha para rechazar a todo el psicoanálisis. En este momento, en Francia, se asiste un poco a esto, el psicoanálisis está mucho más ausente en las instituciones de higiene mental que hace unos años; es la psiquiatría ortodoxa la que vuelve con más fuerza.

Por otra parte, creo que llegamos a una época de vulgarización del psicoanálisis; ya no está sólo en manos de psicoanalistas, se diluyó considerablemente el concepto de la teoría psicoanalítica, al invadir el psicoanálisis todos los campos del conocimiento. Opino que hay que volver a un período de austeridad por el lado del rigor del concepto, del rigor de los sistemas teóricos… con las consecuencias que esto implica para el rigor de la práctica. Actualmente, para aquellos que se acerquen al psicoanálisis, les va a resultar muy difícil evadirse de una enseñanza didáctica…de una presentación rigurosa, que no les ahorrará el hecho de tener que ver toda la transmisión propiamente dicha del psicoanálisis, pero que permitirá reubicar el discurso psicoanalítico, que en este momento significa todo y cualquier cosa, al mismo tiempo. La enseñanza bajo esta denominación didáctica es simplemente un retorno al rigor del alcance, de los límites del psicoanálisis, porque pienso que sólo bajo estas condiciones, podrá seguir siendo pertinente”. 
     Rigor y pertinencia que más allá de los casi 30 años transcurridos desde que se efectuó esta entrevista, sigué presentándose como  imprescindible.


sábado, 14 de marzo de 2015

Enseñanza, transmisión y estilo en psicoanálisis. Juan Pawlow



 Enseñanza, transmisión y estilo en psicoanálisis[1].


 La enseñanza del psicoanálisis en general y la formación de los analistas en particular constituyen un asunto de múltiples aristas[2]. Desde Freud la problemática de la transmisión del psicoanálisis fue zanjada por distintas instituciones y agrupaciones de diferentes modos, aunque en general se coincide en un punto: es condición necesaria el análisis del que se convertirá en analista[3].
S. Freud

Partimos de esa condición necesaria pero no suficiente, entonces nos preguntamos con Lacan cómo se enseña eso que el psicoanálisis nos enseña (Lacan 1957), interesante formulación del problema, ya que nos da un punto de apoyo firme: la enseñanza del psicoanálisis debe llevar la marca de eso de lo que se trata en un análisis.

El psicoanálisis nos enseña que el inconciente no es profundo, no se confunde con “concepciones homónimas a las que él no debe nada”.

          El inconsciente es ese discurso del Otro en que el sujeto recibe, bajo la forma invertida que conviene a la promesa, su propio mensaje olvidado.
J. Lacan

El psicoanálisis nos enseña que: “El síntoma psicoanalizable... está sostenido por una estructura que es idéntica a la estructura del lenguaje.”El síntoma se lee “porque él mismo está inscrito en un proceso de escritura[4].

La formación del analista no puede obviar la sujeción a las leyes del lenguaje, no puede obviar la problemática del lenguaje[5].

Todo esto que recaban estas citas puede considerarse como algo perimido, puede pensarse que Lacan necesitó enfatizar este sesgo de la enseñanza por el extravío de los psicoanalistas que fundaban su práctica en supuestos pre-freudianos, puede leerse como un intervención puntual al estado de cosas de su época. Todo eso tiene un filón de verdad, pero además hay que considerar que esa intervención apunta a cuestiones de estructura más allá de un momento, apunta a la resistencia de los propios analistas al descubrimiento freudiano, que es la resistencia de cualquier ser hablante en tanto la radical ajenidad del inconciente desnuda la ilusión de autonomía del yo, la de ser amo de la palabra. 

Binswanger
Freud en una carta a Bingswanger afirma:   “En verdad, no hay nada para lo que el hombre, por su organización, sea menos apto que el psicoanálisis[6].

          En relación a esto, una cita de “Lo inconciente” (Freud 1915): “...por la investigación analítica llegamos a saber que una parte de estos procesos latentes poseen caracteres y peculiaridades que nos parecen  extraños y aun increíbles, y contrarían directamente las propiedades de la conciencia que nos son familiares...”

He ahí lo unheimlich (lo ominoso, lo siniestro, lo no familiar) que el yo no tolera. Este sentimiento unheimlich que en ocasiones provoca lo inconciente.

¿Cómo entonces transmitir el psicoanálisis si por aquella “organización” –léase narcisista- ese saber no sabido es radicalmente extraño?

Decíamos que la enseñanza del psicoanálisis debía llevar la marca de aquello de lo que se trata en un análisis. ¿Qué? El encuentro con el inconciente.

Un pequeño desvío para volver al asunto desde otra perspectiva. Es instructivo leer por ejemplo esa referencia que Lacan toma en “La dirección de la cura y los principios de su poder”, La Psychanalyse aujourd’hui , en particular el artículo “La terapéutica psicoanalítica” de Sacha Nacht, en donde encontramos afirmaciones como: “El análisis dejó de ser un “estudio” apasionante de lo inconciente, para convertirse en una labor de reorganización de un Yo...
Sacha Nacht

O la siguiente idea acerca de la “regla fundamental”:  “Debe poder llegar así él mismo a “asociar libremente” en torno al contexto proporcionado por el enfermo. Solamente en un segundo tiempo, este trabajo irracional será conceptualizado...

Lo que quiero destacar es que más allá del rechazo del inconciente que se lee allí explícitamente (porque si la “asociación libre” es un trabajo “irracional” lo que se rechaza es la razón freudiana), más allá de eso, el recorrer el texto, la letra misma, transmite, en su tono, que del inconciente freudiano no hay allí ni rastros. No por nada Freud afirma que laconjetura inconciente” (Carbajal E.) no puede devenir en una “teoría tersa” (Freud 1915). La escritura de Freud da testimonio de la peculiaridad de su objeto o para decirlo de otro modo: el encuentro con ese objeto impone el estilo a su escritura[7].
Thomas Adorno
Es que parafraseando a T. Adorno que dice “¿Cómo podría ser posible hablar a-estéticamente de lo estético?”   podemos preguntarnos: ¿ se puede escribir asépticamente sobre el inconciente freudiano, sin ser tocados por su materialidad?

Volvamos al final de “El psicoanálisis y su enseñanza”, en donde Lacan nos deja una frase que con cierto aire de enigma vincula el estilo y la transmisión:   “Todo retorno a Freud que dé materia a una enseñanza digna de ese nombre se producirá únicamente por la vía por la que la verdad más escondida se manifiesta en las revoluciones de la cultura. Esta vía es la única formación que podemos pretender transmitir a aquellos que nos siguen. Se llama: un estilo.”

¿Se transmite un estilo? Se transmite eso que impone, por ejemplo a Freud, una escritura tan peculiar que lo aleja del ideal de la “teoría tersa”.


En la entrevista con Paolo Caruso  Lacan afirma que su retorno a Freud implica que los lectores lo lean con seriedad, “...saber leer un texto, comprender lo que quiere decir, darse cuenta de qué «modo» está escrito (en sentido musical), en qué registro, implica muchas otras cosas, y sobre todo, penetrar en la lógica interna del texto en cuestión...”. Para esto no hay otro modo más que de valerse del método freudiano “...al aplicar la crítica freudiana a los textos de Freud, se llegan a descubrir muchas cosas.”.

En otra entrevista, (Daix, Pierre 1966),
Pierre Daix
Lacan  dice que cuanto más lee a Freud,
más impactado queda por su consistencia, por su coheren­cia lógica.  Esta coherencia lógica encarnada en la letra de Freud ciñe ese “hecho nuevo” que se llamó inconciente. “Un hecho nuevo implica una estructura nueva. El inconsciente es un hecho nuevo, y aporta una desmentida a la antigua estructura sujeto-ob­jeto.”

Una estructura que implica una topología específica, implica una transmisión  específica. Y si “alguna cosa” en los Escritos de Lacan “...se transmite a nivel del estilo...”, es respecto del objeto “a”. Así como Freud se ve necesitado de inventar un dispositivo  de escritura que de cuenta de ese  hecho nuevo, llamado inconciente, la escritura de Lacan responde a su aporte, el objeto “a”:  “Estilo jádico” “...estilo que precisa de la relación de toda la estructuración del sujeto en torno a determinado objeto, que después es lo que se pierde subjetivamente en la operación, por el hecho mismo de la aparición del significante. A este objeto que se pierde lo llamo objeto en minúscula...”
Gómgora

“Y no sólo mi estilo en particular, sino todos los estilos que se han manifestado en el curso de la historia con la etiqueta de un determinado manierismo-como lo ha teorizado de una manera eminente Góngora, por ejemplo-son una manera de recoger este objeto...”

Si algo del estilo de Freud ha interesado (en el sentido que lo entiende la medicina) a sus lectores, es que una transmisión hubo allí. Si algo de la peculiaridad de ese objeto “a” minúscula ha sido transmitido no lo fue sin el modo, el estilo manierista,  del “Góngora del psicoanálisis”.

Notas y referencias bibliográficas



1957  J. Lacan “El Psicoanálisis y su enseñanza” Escritos I


1956  “Situación del psicoanálisis y formación del analista en 1956”


Conjetural n° 42  E. Carbajal “La conjetura inconsciente”.


T. Adorno: “El ensayo como forma”. En Notas de Literatura.

Paolo Caruso: Conversaciones con Lévi-Strauss, Foucault y Lacan, Barcelona, Anagrama.

“Entrevista con Pierre Daix” Traducción Ricardo Rodríguez Ponte.

Nacht, Sacha “La terapéutica psicoanalítica”  en La Psychanalyse aujourd’hui




[1]          Este trabajo fue presentado en agosto de 2007 en la XIV Jornada Investigación en Psicología en la Facultad de Psicología de la U.B.A.  e incluido también en el libro “Efectos de la escritura en la transmisión del psicoanálisis” Buenos Aires, Letra Viva, 2008 (compilador: Carlos Escars).  Su título marca las insistencias de un recorrido más que la connotación de sus términos.

[2]         Entre esas aristas habrá que distinguir la formación del analista, de la enseñanza del psicoanálisis en ámbitos donde no necesariamente se forman psicoanalistas, una Facultad de Psicología por ejemplo, distinción que en principio puede entenderse de modo tajante, porque cuando un analista “... habla ante un auditorio no preparado adquiere siempre un cariz propagandístico”(Seminario Libro VII La ética del psicoanálisis, 16-03-1960). Sin embargo se acorta la brecha de esa distinción cuando Lacan afirma que “también los analistas llegan con posiciones, posturas, expectativas que no son forzosamente analíticas” (Seminario Libro X La angustia, 21-11-62).

[3]          Por supuesto que aquí también entran en juego posiciones encontradas respecto de lo que se procura en un análisis y aún más respecto de lo que nombra un fin de análisis. Para este trabajo, por lo menos, tomemos como punto de apoyo la afirmación de Freud acerca de lo que podemos esperar del análisis del candidato a analista: “Cumple su cometido si instila en el aprendiz la firme convicción en la existencia de lo inconciente.” S. Freud “Análisis terminable e interminable” (1937).

[4]            Todas las citas pertenecientes a “El Psicoanálisis y su enseñanza”.

[5]            Aunque sea lo suficiente para permitirles distinguir el simbolismo de la analogía natural con la que lo confunden habitualmente.” (Lacan 1956).

[6]            Citado por Serge Cottet en “El acto analítico de Freud” del libro “Freud y el deseo del analista” pág.18 Ed. “Hacia el 3er encuentro del Campo freudiano” (1982).


[7]            Para la noción de estilo aquí utilizada remito aquí a mi trabajo  “Faulkner: el furioso estruendo de un estilo” presentado en la Jornada “Psicoanálisis y escritura” Fac. de Psicología U.B.A. 2003, del cual extraigo el siguiente fragmento:

             “Un pequeño resto como una entonación oída al pasar de alguna manera exterior al escritor y que sin embargo determina su proceder narrativo.

              Ese pequeño resto impone el procedimiento narrativo en tanto una vez que se produce su descubrimiento, el autor no es libre de hacer lo que se le plazca con él....

              Querría afirmarlo de una vez: ese instante de encuentro, ese descubrimiento, es el estilo.

              No creo demasiada fructífera la idea cotidiana de concebir al estilo como: “la manera personal de escribir que caracteriza a un escritor”.

              El estilo del escritor fuerza sus maneras, porque si no las forzara esa escritura se tornaría estéril, se extinguiría, apagándose como un eco entre los ecos. Así tomado, el estilo, es la marca que, cada vez, inventa sus formas, y no la manera con la que el escritor tramita lo que encuentra conduciéndolo a moldes ya establecidos.

domingo, 11 de enero de 2015

El comité de los conjurados. Rolando Ugena



De “Galileo Galilei”, de Bertold Brech

22 de junio de 1633: Galileo Galilei, revoca ante la 
Inquisición su teoría del movimiento de la Tierra

...Andrea -¡Desgraciada es la tierra que no tiene héroes!...
...Galilei.- No. Desgraciada es la tierra que necesita héroes. (1)
Galileo Galilei

 “Todo retorno a Freud que de materia a una enseñanza digna de ese nombre se producirá únicamente por la vía por la que la verdad más escondida se manifiesta en las revoluciones de la cultura. Esta vía es la única formación que podemos pretender transmitir a aquellos que nos siguen. Se llama: un estilo.”
Estas palabras que cierran el escrito “El psicoanálisis y su enseñanza”, son también las que cavan un curso, un surco: el del retorno a Freud, designio que tomaba su sentido de lo que para Lacan no eran sino inauditas inversiones de la experiencia analítica; retorno a Freud, que era igualmente una consigna, la cual lejos de aferrarse a la proposición de un ideal regreso a las fuentes, proponía “repensar a Freud”. Es su “método”(2) todo un estilo, que más que remitir a alguna originalidad, es portador de sujeto(3), y propone establecer los mojones de una política no negociable: examinar una producción difícil de catalogar y notablemente atravesada por textos que pasan la espinosa prueba de la “disciplina del comentario”, no solamente para resituarla en el contexto de una época, sino “para medir si la respuesta que aporta a las preguntas que plantea ha sido o no rebasada por la respuesta que se encuentra en ella a las preguntas de lo actual”(4)  
Actualidad de la escritura de Freud, en la cual las circunstancias biográficas más íntimas, los singulares recortes de historiales de casos (incluso fracasados), las interpretaciones de cosmovisiones filosóficas y creaciones artísticas, las investigaciones sobre los sueños, las masas, los chistes, el totemismo, las torpezas cotidianas, las novelas históricas, el comunismo, etc. son hilos que entretejen una hipótesis y no mera ilustración. Obra freudiana cuyos pasos no obedecen menos a una implacable preocupación por el rigor, como a la inquietud de preservar su  doctrina de derivas perjudiciales.
          Fue tal vez entonces que movido por tal aspiración, otorgó en 1912 su cheque en blanco(5) a Ernst Jones, para conformar esa especie de comité clandestino que a la manera de los caballeros de la Mesa Redonda, selló su alianza con la entrega de Freud a Abraham, Sachs, Rank, Ferenczi, von Freund y Eitingon de una piedra preciosa grabada con un motivo griego para montar en un anillo de oro, que nominaba así a los fieles devotos.
Georg Christoph Lichtenberg
           Pero como reza el chiste de Lichtenberg que releva Freud, “no se puede llevar la antorcha de la verdad a través de la multitud sin chamuscar alguna barba»(6). Así, el romántico círculo, antes de disolverse en 1927, no tardó en resultar perforado por los aprietos que procuraba evitar: entre los discípulos judíos y Jones, que no lo era; entre austríacos y berlineses; entre renovadores y ortodoxos; entre aquellos que proponían expandirse hacia EE.UU. y quienes planteaban replegarse en Europa; entre aquellos que rechazaban el acceso a la práctica a los analistas homosexuales y los que no lo hacían.
Freud lo quiso así(7). Tal vez porque la quimera de una fundación originaria, no depende solamente de la desaparición acechada por los hijos, sino también de un padre que planea y calcula su final.
Algo de esa verdad escondida, puede leerse en “Tema del traidor y del héroe”, de Jorge Luis Borges(8).
J.L. Bórges
Allí, Borges relata una historia a la cual le faltan, dice, “pormenores, rectificaciones, ajustes”, con zonas que al momento de escribirla, aún no le habían sido reveladas.
Habiéndola imaginado bajo el “influjo” de Chesterton y Leibniz, ubica la acción en un “país oprimido y tenaz”, que tanto puede ser Polonia o Venecia, como algún país sudamericano o de los Balcanes, aunque para “comodidad narrativa” (¡!) la sitúa en Irlanda, a comienzo del siglo XIX, en 1824.
El narrador del relato es Rayn, joven que al aproximarse la fecha del centenario de la muerte, se halla dedicado a la redacción de la biografía de su bisabuelo, Fergus Kilpatrick, un heroico capitán de conspiradores, quien murió asesinado en un teatro, en “la víspera de la rebelión victoriosa que había premeditado y soñado”.
Rayn, inquieto por las circunstancias jamás esclarecidas del crimen, se entera que cuando los seguidores examinaron el cadáver del héroe, “hallaron una carta cerrada que le advertía el riesgo de concurrir al teatro esa noche”, suceso que indujo al joven a suponer que se repetían remotos hechos históricos, como cuando Julio César, “al encaminarse al lugar donde lo aguardaban los puñales de sus amigos”, recibiera un escrito en el cual “iba declarada la traición, con los nombres de los traidores”, que no alcanzó a leer.
En los laberintos circulares de su investigación, se topa no sólo con que esa historia copiaba la historia, sino que también copiaba la literatura. Pasmado, encuentra que palabras prefiguradas por Shakespeare en Macbeth, son las que un mendigo pronuncia en una conversación con su bisabuelo el día de su muerte. También, que un antiguo compañero del héroe, James Nolan, había traducido dramas de Shakespeare, entre ellos, Julio César, y además había escrito un artículo sobre los “Festspiele de Suiza, vastas y errantes representaciones teatrales, que requieren miles de actores y reiteran episodios históricos en las mismas ciudades y montañas donde ocurrieron”.
¿Qué había acontecido? El enigma solo logra ser descifrado por Rayn, cuando halla un documento que revela que días antes del fin, su bisabuelo, presidiendo el último cónclave, “había firmado la sentencia de muerte de un traidor, cuyo nombre había sido borrado”. En ese país, maduro para la rebelión, algo fallaba siempre: había un traidor. Kilpatrick había encomendado a Nolan que investigara y éste ejecutó su tarea. Se reunieron los conspiradores y en pleno cónclave Nolan “demostró con pruebas irrefutables que el traidor era el mismo Kilpatrick. Los conjurados condenaron a muerte a su presidente”, quien firmó su propia sentencia, implorando que “su castigo no perjudicara a la patria”, que lo idolatraba.
          Dado que la más tenue sospecha hubiera comprometido la rebelión, Nolan propuso que el condenado muriera a manos de un asesino desconocido, en circunstancias deliberadamente dramáticas, que se grabarían en la imaginación popular apresurando la rebelión. “Kilpatrick juró colaborar en este proyecto, que le daba ocasión de redimirse y rubricaría su muerte”.
          La pública y secreta representación” prefijada para reflejar la gloria, duró días y noches. Kilpatrick “discutió, obró, rezó, reprobó, pronunció palabras patéticas”, y una horda de actores colaboraron con él. Arrebatado por ese destino que lo redimía y que lo perdía, “más de una vez enriqueció con actos y palabras improvisadas el texto de su juez”. Así fue desplegándose el drama, hasta queel balazo anhelado entró en el pecho del traidor y del héroe” quien, desangrándose, apenas pudo articular algunas de las palabras previstas.
          Seguramente impresionado y apasionado por el relato borgiano del traidor que va al encuentro de su destino, no sin haber hecho recaer la culpa sobre los otros para pasar a la posteridad como un héroe, Bernardo Bertolucci, decidió llevarlo a la pantalla. Situando la trama en Italia, sustituyendo a los nacionalistas irlandeses por partisanos italianos de la Segunda Guerra, pero manteniendo la base del relato, el creador de Novecento, El último tango en París, y El conformista, filmó en 1969, La estrategia de la araña.
Bernardo Bertolucci
          A fines de los `60, Athos Magnani, hijo de un héroe de la lucha antifascista de igual nombre asesinado en 1936, llega a un pueblo italiano. Allí, pese a que nunca se identificó al criminal, siempre se creyó que los asesinos fueron los fascistas, cuyo jefe local aún vive. Athos recibe presiones para marcharse, incluso es golpeado, lo que refuerza su interés por averiguar quién mató a su padre, tarea en la que es ayudado por la que un día fue amante del héroe, hasta que el jefe fascista termina por decirle que "desgraciadamente" ellos no fueron quienes mataron a su padre, pero que no quiere que se resucite el tema porque siempre lo culparán a él.
          Para Athos algunas cosas no encajan; a su padre se le encontró, luego de muerto, una carta sin abrir que decía que le matarían; también una gitana se lo había profetizado y finalmente, su muerte fue pública y espectacular, asesinado a tiros en el teatro local durante una representación de "Rigoletto" de Verdi, al final del acto I, cuando Rigoletto exclama "Ah, la maledizione".
          Tres amigos del muerto se ponen en contacto con Athos, y le develan que en 1936, cuando Mussolini planeaba visitar el pueblo para inaugurar el teatro, Athos padre había propuesto aprovechar el acto para matarlo desde el escenario, infiltrándose entre los extras. Pero pensando que el disparo no era infalible, consideró mejor ponerle una bomba. Cuando la estaban preparando, y pese a que sólo ellos cuatro conocían el secreto, la policía los descubrió y los detuvo. Dado que no confesaron nada, quedaron libres por falta de pruebas.
          Esa coincidencia entre el escenario previsto para matar a Mussolini y lo ocurrido en la muerte de su padre, así como que el plan sólo lo sabían él y sus tres amigos, no resulta creíble para Athos, quien concluye que fueron ellos quienes lo mataron. ¿Por qué? Ellos mismos se lo relatan: su padre era un traidor, él los había denunciado. Pero esa traición no se podía descubrir sin que cundiera el desánimo entre los seguidores de la causa. Así, mejor que muriera como un héroe, su recuerdo sería imborrable y daría fuerza a los antifascistas para seguir luchando.
          Ante esa confesión, Athos vacila entre revelar la verdad o callar, pero testigo de la veneración que sigue despertando su padre a los ojos de los otros, las estatuas, y placas conmemorativas que lo reverencian, decide  correr la cortina de la historia.
          De Lacan a Freud, de Borges a Bertolucci, “eso” se transmite; una experiencia se renueva y sobreviene un nuevo discurso. No al modo de la comunicación, ni de una antorcha sagrada que pasa de generación en generación, de la mano del decano al iniciado, prescribiendo ritos y reglas, nominando puros e impuros, sino como experiencia que depende del deseo, y en la cual la transferencia está en el centro.
          La transmisión del psicoanálisis, no reside en propagar conceptos de una mano a otra, ni en guardar fidelidad al padre; no se trata de volver a Freud para imitarlo, sino para hacer posible un nuevo acto, el acto de la transferencia, la cual en su traza de ficción se trama buscando causas.
          Es que “el analista se distingue en que hace de una función que es común a todos los hombres, un uso que no está al alcance de todo el mundo cuando porta la palabra”(9).




1. Bertold Brecht, “Galileo Galilei”, Ediciones Losange, 1956, páginas 59 y 60


2 J. Lacan, Seminario “El objeto del psicoanálisis”, seminario del 1 de junio de 1966


3 La expresión es de Juan D. Nasio, ver “La voz y la interpretación”, Editorial Nueva Visión, 1987.


4 J. Lacan, Escritos, “La cosa freudiana o sentido del retorno a Freud en psicoanálisis, Siglo XXI Editores, 1980.


5 J. Lacan, Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela, en Momentos cruciales de la experiencia analítica. Manantial,  1987.


6 S. Freud, El chiste y su relación con lo inconsciente 1905, Parte analítica, La técnica del chiste, Amorrortu , Volumen 8.


7 Idem nota 4.


8 Jorge Luis Borges, Ficciones.

9 J. Lacan, Escritos, Variantes de la cura tipo, Siglo XXI Editores, 1980

lunes, 17 de noviembre de 2014

Intervención sobre la transmisión, Jacques Lacan


9° Congreso de la École Freudienne de Paris sobre « La transmisión » (9/7/79).
 


Debo concluir este Congreso. Es al menos lo que estaba previsto. Freud se preocupó vivamente por la transmisión del psicoanálisis. El comité al que encargó la tarea se transformó en la institución psicoanalítica internacional, la IPA. Debo decir que la IPA, si le creemos a nuestro amigo Stuart Schneiderman, quien habló ayer, por ahora no es valiente. Es seguro que este congreso representa, con esta sala llena, algo que equilibra la IPA.
Freud, al designar lo que llamaba su "banda" - sin que sepamos muy bien si "su banda" (sa bande) debe escribirse "ça" (1) - Freud inventó esta historia, bastante chiflada hay que decirlo, que llamamos inconsciente; y el inconsciente es quizás un delirio freudiano. El inconsciente, eso explica todo pero, como bien lo articuló Karl Popper, eso explica demasiado. Es una conjetura que no puede tener refutación.
Nos han hablado de sexo sin sujeto. ¿Acaso eso querría decir que habría una relación sexual que no comportase sujeto? Eso sería ir lejos; y la relación sexual, de la que dije que no había, es llamada a (censée) explicar lo que llamamos las neurosis. Es por eso que me interioricé (2) sobre lo que son las neurosis. Intenté explicarlo en lo que se llama una enseñanza. Hay que creer que, con todo, esta enseñanza ha tenido un cierto peso puesto que logré tener toda esta asistencia.
Esta asistencia, debo decirlo, no me asiste. Me siento, en medio de esta asistencia, particularmente solo. Me siento particularmente solo porque las personas con las que debo tratar (j'ai affaire) como analista, los que llamamos mis analizantes, tienen conmigo una muy otra relación que esta asistencia. Ellos intentan decirme lo que en ellos no va. Y las neurosis, eso existe. Quiero decir que no es muy seguro que la neurosis histérica exista siempre/aún (3), pero hay seguramente una neurosis que existe, es lo que llamamos la neurosis obsesiva.
Esta gente que viene a verme para intentar decirme algo, hay que decir que no siempre les respondo. Intento que eso pase; al menos lo anhelo. Anhelo que eso pase, y hay que decir que muchos analistas se ven reducidos a eso. Es por eso que intenté tener algún testimonio sobre el modo (façon) por el que se deviene analista: ¿qué es lo que hace que después de haber sido analizante se deviene analista?
Debo decir que sobre eso me interioricé (2) y es por eso que hice mi Proposición, la que instaura lo que llamamos el pase, por el que hice confianza a algo que llamaría transmisión, si hay una transmisión en psicoanálisis.
Tal como llego a pensarlo ahora, el psicoanálisis es intransmisible. Esto es bien fastidioso. Es fastidioso que cada psicoanalista sea forzado - ya que hace falta que sea forzado - a reinventar el psicoanálisis. Si dije en Lille que el pase me había decepcionado, es por esto, por el hecho de que haga falta que cada analista reinvente, según lo que haya logrado retirar del hecho de haber sido un tiempo psicoanalizante, que cada analista reinvente el modo (façon) en que el psicoanálisis puede durar.
He intentado darle a esto un poco mas de cuerpo; y es por eso que intenté un cierto número de escrituras, tales como el S barrando el A, es decir, lo que llamo el gran Otro, ya que es la S, con la que designo al significante, que, a ese gran A, lo barra; quiero decir que lo que enuncié oportunamente (4), a saber, que el significante tiene por función representar al sujeto, pero solo para otro significante - es al menos lo que dije, y es un hecho que lo dije - que quiere decir eso? Quiere decir que en el gran Otro no hay otro significante. Como lo enuncié oportunamente (4), no hay mas que un monólogo.
Entonces ¿cómo se hace para que, por la operación del significante, haya gente que se cura? Porque es bien de eso de lo que se trata. Es un hecho que hay gente que se cura. Freud subrayó bien que no hacía falta que el analista esté poseído del deseo de curar; pero es un hecho que hay gente que se cura, que se cura de su neurosis, incluso de su perversión.
¿Cómo es eso posible? A pesar de todo lo que dije oportunamente (4), no lo sé. Es una cuestión de trucaje. Cómo le susurramos al sujeto que les viene en análisis algo que tiene por efecto curarlo, es esa una cuestión de experiencia en la que juega un rol lo que llamé sujeto supuesto saber. Un sujeto supuesto, es un redoblamiento. El sujeto supuesto saber, es alguien que sabe. Sabe el truco, puesto que hablé de trucaje recién; sabe el truco, el modo en que se cura una neurosis.
Debo decir que en el pase, nada anuncia eso; debo decir que en el pase nada testimonia que el sujeto sabe curar una neurosis. Sigo esperando que algo me aclare al respecto. Me gustaría saber por alguien que lo testimoniase en el pase, que un sujeto - puesto que se trata de un sujeto - es capaz de hacer mas que lo que llamaré la charla (bavardage) ordinaria, ya que es de eso de lo que se trata. Si el analista no hace mas que charlar, podemos estar seguros que falla el golpe (rate le coup), el golpe que consiste en efectivamente levantar el resultado, es decir, lo que llamamos el síntoma.
He intentado decir mas largamente sobre el síntoma. Lo he escrito incluso en su antigua ortografía. ¿Por qué la elegí? "Sinthome", evidentemente sería un poco largo para explicarles. Elegí esa manera (façon) de escribir para soportar el nombre síntoma, que se pronuncia actualmente, no se muy bien porque, "simptome", es decir, algo que evoca la caída de algo, ya que "ptoma" quiere decir caída. Lo que cae junto es algo que nada tiene que ver con el conjunto. Un sinthome no es una caída, aunque lo parezca. A tal punto que considero que Uds., ahí, todos, tantos que son, tienen como sinthome cada uno su cada una. Hay un sinthome el y un sinthome ella. Es todo lo que queda de lo que llamamos la relación sexual. La relación sexual es una relación "intersinthomatique". Es por eso que el significante, que es también del orden del sinthome, es por eso que el significante opera. Es por eso que tenemos la sospecha de la manera (façon) por el que puede operar: es por intermedio del sinthome.
¿Como entonces comunicar el virus de ese sinthome bajo la forma de significante? Es lo que he intentado explicar a lo largo de mis seminarios. Creo que hoy no puedo decir mas.
Notas
(1) Si en francés escribimos "sa bande" - su banda - con ç: "ça bande", esto implica tomar "bande" ya no como "banda" sino como conjugación del verbo "bander", cuya traducción clásica es "vendar", pero que también significa "estar tirante", costado por el que, en términos vulgares, es utilizado para indicar una erección.
(2) Lacan utiliza la expresión "je me suis enquis". La traducción del verbo "enquerir" es indagar. Pero en español el verbo indagar no admite la forma "je me suis", motivo por el que propongo utilizar la forma del "interiorizarse" que, aunque introduce una referencia a lo interior y exterior que los quisquillosos respecto de las cuestiones topológicas impugnaran inmediatamente, conserva el sentido de implicación subjetiva en la indagación que utiliza Lacan.
(3) Lacan dice "existe toujours". La traducción literal de "toujours" es "siempre", pero el sentido en la frase es de "aún".
(4) Aunque la traducción literal de "a l’ocasion" sea "en la ocasión", me parece que responde mejor a la redacción y sentido de la frase la expresión "oportunamente".
Traducción: Michel Sauval Publicado en las Lettres de l’École, 1979, n° 25, vol. II, pp. 219-220.