Traducir

Mostrando entradas con la etiqueta claudia castagnolo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta claudia castagnolo. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de enero de 2015

Cambalache...¿otro modo de decir violencia?. Claudia Castagnolo





“Siglo XX, cambalache, problemático y febril… el que no llora no mama y el que no afana es un gil. Dale nomás! Dale que va! Que allá en el horno nos vamo a encontrar! No pienses más, sentáte a un lao, que a nadie importa si naciste honrao! Es lo mismo el que labura noche y día como un buey, que el que vive de los otros, que el que mata, que el que cura o está fuera de la ley…!”

Enrique Santos Discépolo algo tenía claro, cuando en 1934 compuso la letra de este tangazo. Si bien lo compuso para la película “El alma del bandoneón” que se estrenó en el ‘35, la letra versa sobre lo que se denominó en nuestro país, la década infame y eso no fue para Discépolo sin alguna consecuencia, sin alguna prohibición.
¿Por qué Cambalache sería otro modo de decir violencia? Podríamos pensar que si todo da lo mismo, si todo “nos” da lo mismo, no hay modo de establecer un lazo social con el semejante y esto es lo que ocurre cuando hablamos de violencia. Hay una imposibilidad de establecer un lazo social con otro. 
Considerando los registros de Lacan, es necesario diferenciar el término agresividad del término violencia, porque la agresividad queda ubicada en el registro imaginario, mientras que la violencia en el registro simbólico. Hablar de violencia implica una presencia simbólica que permite una agresividad pero con una cierta finalidad, es decir, es un hecho perverso en sí mismo, como por ejemplo la tortura. 
La palabra violencia, etimológicamente hablando, estuvo asociada a la fuerza física. Los romanos llamaban vis, vires a esa fuerza, al vigor que permite que la voluntad de uno se imponga por sobre la de otro. En el Código de Justiniano, se habla de una fuerza mayor que no se puede resistir. Vis, luego va a dar lugar al adjetivo violentus, lo que aplicado a cosas o a personas, se puede traducir como violento, impetuoso, furioso, incontenible. De violentus, se derivó a violare, con el sentido de agredir con violencia, maltratar, arruinar, dañar.
De ahí que una de las acepciones de la Enciclopedia Universal, para el término violar, del latín violare es: Infringir o desobedecer una ley, un precepto o una disposición. Con lo cual, podemos decir que, siempre que se transgrede la ley, ubicada como aquello que normativiza, estamos hablando de violencia. Para violentar la ley, se lo hace mediante medios agresivos, para así poder vencer la voluntad del otro, lo cual podemos pensarlo como un abuso de poder. 
La violencia es un fenómeno individual pero también puede ser un fenómeno cultural, en la cual está comprometida la sociedad, o una parte de ella.

Hanna Arendt
En el libro “Sobre la violencia” de Hannah Arendt, dice la autora, que la violencia por estar tan presente en la sociedad humana, ha merecido poca atención de los estudiosos de la política y de la historia, porque se la da por sentada. Arendt insiste en que ante el temor de que la violencia se apodere del mundo, debemos estar vigilantes ante las múltiples formas en que la violencia se disfraza de discurso y denunciar a toda persona que la ejerza mediante encubrimientos discursivos o retóricos. En este punto relaciona al poder y dice Arendt, “El poder surge del grupo. La violencia no es irracional ni inhumana: es un instrumento que surge por la rabia y la injusticia y es tentadora por su rapidez e inmediatez. Donde el poder está en peligro aparece la violencia y lo hace desaparecer sin proponer alternativa”. 
Para la filósofa, el poder no necesita justificación, necesita legitimidad, mientras que la violencia nunca será legítima. La filósofa considera a la violencia como el denominador común del siglo XX. La violencia parece estar instalada en nuestra sociedad. Violencia doméstica, laboral, violencia en las escuelas, en las calles, en el fútbol, violencia entre los legisladores y dirigentes, incluso mediando este 2013, nos encontramos pendientes de un posible inicio de una nueva guerra, la “violencia organizada” tal como la denomina Arendt, que siendo un poco pesimista dijo hace 40 años, que “aún no se ha encontrado un sustituto (para la guerra), por lo que cabe esperar que siga ocurriendo.
La agresividad, prima hermana de la violencia, es inherente al ser humano y es por eso que como dice Arendt, está tan presente en la sociedad. 
Freud

El descubrimiento de Freud, nos enseña que somos seres pulsionales. Es decir, estamos constituidos por pulsiones de vida (Eros) y pulsiones de muerte (Tánatos). Las pulsiones, son una tendencia que está dentro de nuestro propio organismo y es en donde radica toda nuestra lucha, ya sea con nosotros mismos, cuando nos agredimos en cualquiera de las formas que conocemos, tener una relación que no es buena para nosotros, las adicciones, etc., o cuando agredimos al semejante en cualquiera de sus formas. La agresión es la misma, solo cambia la vía, el destino. Cito a Freud, “Ahora bien, si consideramos los pésimos resultados obtenidos ante la prevención del sufrimiento, comenzamos a sospechar que en nuestra propia constitución psíquica podría ocultarse una porción indomable de la naturaleza. Por otro lado, esa prevención del sufrimiento proviene de aquello que llamamos cultura, con lo cual, podríamos pensar, que la cultura llevaría gran parte de la culpa por la miseria que sufrimos, y seguramente podríamos ser más felices si abandonamos la cultura para volver a una vida más primitiva.”
En “El malestar en la cultura”, un texto de 1929, Freud ubica que las causas del sufrimiento humano quedan reducidas a tres: la supremacía de la naturaleza, la caducidad de nuestro propio cuerpo y la insuficiencia de nuestros métodos para regular las relaciones humanas ya sea en la familia, en el Estado y en la sociedad. Quizás poco podemos hacer en relación a las dos primeras, con lo cual es esperable que nos aboquemos a la última, acerca de las relaciones humanas. 
Freud va a ubicar el odio y los celos, desde lo más temprano en el desarrollo de la vida de un sujeto, Lacan lo llama odio primordial. La palabra primordial va a ese lugar primero de nuestra antecedencia, lo más primitivo de cada quien y es debido a la primordial hostilidad entre los hombres por lo que la sociedad civilizada se ve constantemente al borde de su desintegración. Es por esto, que la cultura, se ve obligada a realizar múltiples esfuerzos para poner barreras a las tendencias agresivas del hombre, para dominar sus manifestaciones mediante formaciones reactivas psíquicas, es decir síntomas, porque si algo pide la cultura como condición es una renuncia pulsional.
Pero resulta que Freud nos advierte que al hombre le cuesta mucho hacer esta renuncia, lo cito: “Si todas nuestras necesidades quedaran satisfechas, nadie tendría algún motivo de ver en el prójimo a un enemigo y todos nos plegaríamos de buen modo a la necesidad del trabajo. Pero resulta que al hombre le cuesta mucho, le es sumamente difícil renunciar a la satisfacción que le da esas tendencias agresivas suyas; no se siente nada a gusto sin esa satisfacción. Por otra parte, un núcleo cultural más restringido ofrece la muy apreciable ventaja de permitir la satisfacción de este instinto mediante la hostilidad frente a los seres que han quedado excluidos de aquél. Siempre se podrá vincular amorosamente entre sí a mayor número de hombres, con la condición de que sobren otros en quienes descargar los golpes”. 
Entonces, por un lado la tendencia agresiva es una disposición instintiva innata y autónoma del ser humano y este es el mayor obstáculo con el que tropieza la cultura, y como dice Freud: “A quienes creen en los cuentos de hadas no les agrada oír mentar la innata inclinación del hombre hacia “lo malo”, a la agresión, a la destrucción y con ello también a la crueldad”.
Encontramos modos muy sutiles por los que se escabulle la agresividad con el fin de anular al semejante. El teatro nos da a ver algunas escenas donde las pasiones del ser, se despliegan como en el Infierno del Dante.
Moliere
Moliere nos muestra al impostor, la ironía, la hipocresía con el personaje de Tartufo, Shakespeare, la envidia, el resentimiento, la crueldad con Ricardo III, o la crueldad de Medea de Eurípides, los celos de Othelo. El teatro de los clásicos, nos permite ver y leer, entramados de odios, rivalidades, celos y venganzas, las hostilidades y la agresividad entre los humanos.
“Gott ist tot!" Solemos escuchar por ahí, “la sociedad está enferma”, “antes esto no pasaba”, “en mi época…” y en este punto cabe una pregunta, ¿Qué cambió en la sociedad? Se tratará entonces de poder pensar la violencia como síntoma social. En “Los complejos familiares en la formación del individuo”, un texto de 1938, Lacan ubica la declinación social de la imago paterna, la declinación de los valores y de la autoridad en el Siglo XX. Esta frase que ubicamos en Nietzsche “Dios ha muerto”, y que tiene una antecedencia en la “Fenomenología del espíritu” de Hegel conlleva para el psicoanálisis la caída del padre, es decir, lo que en el psicoanálisis ubicamos como en relación a la ley, a los valores e ideales. Anteriormente, el saber del médico, del educador, del sacerdote era respetado y era tomado como un referente para el sujeto y para la familia. Hoy, esto se perdió. Hoy pareciera que sostenemos la ilusión de que “somos todos iguales”, borrando así toda diferencia subjetiva. ¿Podemos pensar esta frase “Dios ha muerto” como un cambio de paradigma?
La renuncia pulsional de los individuos, la renuncia a la agresividad, a los actos violentos, es lo que permite y lo que posibilita alguna regulación, algún modo de contrato social, algún modo de lazo social. Por estos días rige el mercado, el consumo de las nuevas zapatillas, del nuevo corte de jean, del último celular con todos los chiches, del auto nuevo o la camioneta, del consumo de alcohol y drogas y todo lo que ya conocemos. Por estos días, si ir a la escuela es un sacrificio, ¿para qué hacerlo? Por estos días, delinquir es sinónimo de trabajar. ¿Acaso no están invertidos determinados valores? Hemos pasado del imperativo categórico de Kant, “Obra sólo de forma tal que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal”, al vale todo, Goza! El momento actual exige gozar, consumir, ir a fondo y “al fondo” pero este es el vacío. Vacío existencial que llamamos vida y que no se tratará de caerse en él, sino de bordearlo. El sistema capitalista impone su propio discurso, pero este discurso no arma un lazo social, hace mercado, hace un negocio, pero no enlaza lo subjetivo de cada quien. Y en este punto, es que la violencia tiene relación con la caída de los ideales, de la autoridad o como decimos desde el psicoanálisis con la caída del padre. Hemos pasado entonces, de la imposición de los castigos físicos para educar, al vale todo.
¿Vale todo? ¿Dale nomás! Como dice el tango?

Bibliografía
Hannah Arendt,, “Sobre la violencia”
Sigmund Freud, “El malestar en la cultura”
Jacques Lacan, “Los complejos familiares en la formación del individuo”
Jacques Lacan, “El reverso del psicoanálisis” Seminario XVII
 Este trabajo fue publicado en El Otro Psi, Nº 197.


miércoles, 24 de diciembre de 2014

La escucha en un tratamiento analítico. Una cuestión ética Claudia Castagnolo

     Los analizantes ya no son lo que eran. Hoy los pacientes por lo general, eligen un psicólogo por la cartilla de una obra social y en la mayoría de los casos deben pasar por una entrevista de admisión hasta que finalmente pueden consultar con un profesional. El paciente no sabe acerca de la orientación o de la desorientación del profesional que lo va a tratar, pero quiere que le solucione su problema y lo más rápido posible. Psicólogos, psicoanalistas, psicólogos sociales, coachins counselings, todos dispuestos a escuchar. Pero a escuchar qué, desde dónde.  Algunos profesionales escuchan vía skype o por teléfono y los pacientes abonan en una cuenta bancaria. Otros dicen que “mechan un poquito de cada teoría porque toman lo que le sirve”, y mi pregunta es ¿cómo hacen? Porque esas teorías se contraponen si consideramos que de entrada, nos ocupamos de diferentes sujetos, el sujeto de la ciencia y el sujeto del inconsciente. ¿Cómo podría un psicólogo cognitivo conductual mechar con el psicoanálisis? ¿Qué puede tener que ver esta práctica con la práctica analítica? ¿Qué de la política del síntoma? ¿Qué de la premisa del psicoanálisis, la regla fundamental? ¿Qué de la transferencia?

Controversias teóricas
 
 Sergei Pankejeff, el hombre de los lobos
     Después de más de cien años del descubrimiento freudiano pareciera que estamos peor y entre los analistas también encontramos divergencias. ¿Cómo seguimos? Cuando Freud escribió: “De la historia de una neurosis infantil” el caso del hombre de los lobos en 1914 dijo: “Igualmente imposible me resulta entablar una discusión con trabajadores del campo de la psicología o de las teorías de las neurosis que no admitan las premisas del psicoanálisis y juzguen artificiosos sus resultados. Pero, junto a ellos, se ha desarrollado en los últimos años una oposición de parte de otros que, al menos así opinan ellos, pisan el terreno del análisis, no ponen en tela de juicio su técnica ni sus resultados, sino que sólo se consideran autorizados a deducir del mismo material consecuencias diversas y a someterlo a otras concepciones. Ahora bien, la controversia teórica es la más de las veces infecunda. Tan pronto uno empieza a distanciarse del material del que debe nutrirse, corre el riesgo de embriagarse con sus propias aseveraciones y terminar sustentando opiniones que cualquier observación habría refutado. Por eso considero muchísimo más adecuado combatir concepciones divergentes poniéndolas a prueba en casos y problemas singulares.” (1)
     Lacan en su retorno a Freud señala los desvíos producidos por los postfreudianos y ubica la noción de significante dando un otro estatuto a la palabra del paciente. La palabra ocupa un lugar privilegiado, se trata de la función de la palabra en el campo del lenguaje, con lo cual se trata del lugar que ocupan en un discurso en donde radica su importancia, lo que conlleva su rol protagónico en la supresión de un síntoma en la que un sujeto no es ajeno a su padecimiento y por lo cual tiene comprometida su responsabilidad subjetiva. Pero nosotros somos responsables de una escucha, “Que el paciente olvide que se trata únicamente de palabras, no habilita al  analista a que lo olvide”.(2)


Una cuestión de discurso
    
     Lacan formalizó lógicamente el Edipo freudiano mediante la estructura del lenguaje, “El inconsciente está estructurado como un lenguaje”, articula cuatro lugares como el fundamento del discurso analítico y cada lugar como asidero de algún efecto significante. Si como producto de la división subjetiva, el objeto a, viene a funcionar respecto de la falla, el agujero, la pérdida del Otro, de acuerdo al lugar que se ocupe en un discurso se tratará de uno u otro, lo cual es esencial a la función del lenguaje. En este punto, “que se diga, queda olvidado tras lo que se dice en lo que se escucha”. Entonces, nuevamente insiste mi pregunta por la escucha en esta época en la que impera el discurso amo y desde ese lugar se enuncia como definición de salud desde la OMS, que “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.” (3)
Si tenemos en cuenta esta definición nos encontramos ante un intento infructuoso de hacer encajar un síntoma en las benditas y sagradas clasificaciones del DSM. Si la desestimamos, los que no encajamos en el sistema somos nosotros. La industria farmacológica, tecnológica y la ciencia fabrican la ilusión de hacer posible el acceso a una felicidad inmediata y garantizarla. 
     Para eso, el amo ordena al esclavo hacer algo, porque el esclavo sabe cómo hacerlo. En “Del discurso psicoanalítico” Lacan dice: “La crisis, no del discurso del amo, sino del discurso del capitalista, que es el sustituto, está abierta. No se trata en absoluto de que yo les diga que el discurso capitalista sea tonto, al contrario es locamente astuto. Locamente astuto, pero destinado a reventar. Finalmente, después de todo es lo que se ha hecho de más astuto como discurso. Pero no menos destinado a reventar. Esto porque es insostenible. (…) Una pequeña inversión entre el S1 y el S, que es el sujeto (…) basta para que marche sobre ruedas, no puede marchar mejor, pero justamente marcha demasiado rápido, se consuma tan bien que se consume”. (4)
     De la experiencia analítica sabemos que el sujeto está atravesado de raíz por su división subjetiva, lo que imposibilita cualquier estado de completud que este discurso pretende imponer.

Un otro lugar (a) la palabra

     La dirección de la cura en un análisis es el tratamiento por las palabras para acceder a la verdad del sujeto del inconsciente, a algo del orden de “su” verdad y es ese el principio de su poder en la cura, lo cual no es lo mismo que el poder por sobre la palabra del paciente. Para ello, es necesario lo que Lacan ubica como el valor creador de la palabra, el símbolo emerge conformando un universo, un pasado, un camino y un destino. “A partir del momento en que una parte del mundo simbólico emerge, ella crea, en efecto, su propio pasado.” (5)
     El recorrido de un análisis, o el atravesamiento del fantasma como lo llamará Lacan, trata de hacer emerger las palabras fundantes del sujeto para poder ubicar el sentido que la vida tiene para cada sujeto, los efectos de estas palabras sobre su vida y el modo singular de satisfacer la pulsión, el modo singular de gozar, en cada quien. Crear una verdad y el pasado que la sustenta, es incurrir que esa creencia estuvo allí por siempre.
      Si todo sale bien, habrá analizante si hay análisis y habrá análisis si hay de la función deseo del analista. Un paciente da su palabra a ser escuchada, pero es por el acto analítico que se instaura el valor de la misma, el simple hecho de tratar un síntoma por la palabra, es ya una apuesta a su valor.

Notas

1 Sigmund Freud, Obras Completas; “De la historia de una neurosis infantil” Caso del hombre de los lobos
2 Jacques Lacan, Seminario XX, Aún
3 OMS, Texto aprobado en su constitución en 1948
4 Jacques Lacan, “Del discurso Mayo de 1972”
5 Jacques Lacan, Seminario II, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica


Publicado en Revista Tópica Nº 2

sábado, 13 de diciembre de 2014

La suposición fóbica. Consideraciones acerca de la fobia. Claudia Castagnolo

Castración y objeto fálico tienen un lugar central en la economía libidinal de cada uno de los seres hablantes. Si la exigencia de una madre es proveerse de un falo imaginario, tanto el niño como la niña, se lo otorgarán. Pero con el psicoanálisis sabemos que quien lo porta es el padre. Y todo gira en torno a la cuestión del padre. Es en torno a ese padre que se instala el temor a la pérdida del falo para el niño y la reivindicación fálica en la niña. La metáfora paterna introduce entonces la regulación del goce por el falo, es decir, el significante que indica la falta que constituye al Otro.
Hablemos del deseo. Mientras que en la histeria ubicamos un deseo insatisfecho, en la neurosis obsesiva un deseo imposible, en la fobia, nos encontramos con un deseo prevenido. Tanto Freud como Lacan ubican a la fobia en un lugar aparte. Si bien Freud hace una aproximación respecto de la fobia y la histeria, mantienen una diferencia en cuanto a la formación del síntoma. La fobia sería la forma más radical de la neurosis, por lo que se opondría a la perversión. Sin embargo Lacan nos dice que la fobia es un cambia vía, yo suelo llamarlo “pasillo de distribución”, gira hacia la histeria o hacia la obsesión y permite la juntura con la perversión, habla de abrir el campo que conduce de la perversión a la fobia viendo así el intermediario que nos va a permitir situar la neurosis. Diferenciando así, entre estructura fóbica y estructura de la fobia, entre límite en las neurosis y límite entre la neurosis y la perversión.
El síntoma fóbico aparece ante la pérdida de la representación fálica, como sostén del niño ante la angustia que le sobreviene de “devoración paterna”. Éste síntoma en tanto sustituye en lo real a la instancia paterna juega un papel estructurante.  Freud dice que en la fobia, se produce la sustitución de un miedo a un peligro exterior por el miedo a otro peligro exterior.
Ahora bien, la fobia se constituye en relación a la oralidad, se trata de una regresión del sujeto. Pulsión oral y constitución del síntoma fóbico. En La escisión el yo en el proceso de defensa, Freud ubica en relación a un paciente, la construcción del síntoma fóbico correlativamente a la segregación del fetiche (1). Jugada la función escópica, fobia y fetichismo, podemos pensarlo como ambos lados de la misma estructura. Es decir, hay como un correlato entre la función escópica (exhibicionismo-vouyerismo) y la segregación del fetiche.
Un síntoma fóbico no siempre indica que estemos hablando de una fobia, en una neurosis la fobia puede no ser lo que predomine. Cuando hablamos de fobia y fetichismo es necesario que haya correlación entre el síntoma fóbico y la segregación del fetiche. El fetichismo del que hablamos en psicoanálisis, no es el término que utiliza por lo general, la psiquiatría para ubicar la perversión.       Hablamos del fetichismo como algo que hace a la división del yo en el proceso de defensa, lo cual nos hace suponer un sujeto en esa división. Hecho estructural dado por ser seres hablantes, es decir, por estar en relación al significante (2). Por un lado, la pulsión oral correspondería a un fantasma de devoración por el padre y la pulsión anal (sádicoanales) a un fantasma de sodomización por parte del padre. Ahora, el fantasma de devoración por el padre lo podemos apoyar en este mito del padre devorando a su hijo y es importante ubicar ahí la función del tiempo. Hay un tiempo, algo ocurrido en algún tiempo, que es necesario significar. A la vez, hay una relación de la castración en la madre con la del propio sujeto. Siendo que el fetiche es el sustituto del pene en la madre y Freud dice, “no cualquier pene”, uno que tuvo gran significatividad en la primera infancia, pero se perdió más tarde. Es decir, algo que debió haber sido resignado, y que precisamente, el fetiche está destinado a preservarlo de su sepultamiento. Un modo en que el sujeto logra no renunciar al pene materno, dado que si la madre está castrada, él también corre el mismo riesgo. Lo podríamos pensar así, hay una amenaza pero ésta amenaza nunca tendrá su eficacia hasta que el sujeto “sepa”, “se dé cuenta” de que la madre no puede tener pene, tal el descubrimiento traumático. Lo traumático, está en relación a lo que tiene de sorpresa, de revelación y esto será el fundamento de la amenaza y del temor adscripto. Podemos ver así, cómo comienza a suscitarse una relación entre la fobia y el temor.

El síntoma fóbico se constituye y al mismo tiempo va a constituir una cierta relación con el deseo. Su relación con el deseo la podemos ver del lado del fetichismo y no de la fobia. Ya que el fetiche lo que nos muestra es cómo un sujeto puede constituirse para otro en objeto de deseo. En este punto, Lacan define al deseo fóbico como un deseo prevenido.
Hablemos del deseo prevenido. ¿De qué se previene? Se previene de no suponer, dicho de otro modo, el sujeto no va a reconstituir la suposición. La condición de la suposición es la posibilidad, pero también es la condición de la caída de esa suposición (3). Es la condición de posibilidad de establecer una relación con esa verdad relativa a la castración en la madre; donde no se reconstituye la suposición y por ende, no se supone nada, ya nada puede sorprenderlo. Con lo cual, la fobia es una barrera de protección que en términos lógicos tiene que ver con prevenir, donde prevenir es equivalente a no suponer. Ese no suponer, puede manifestarse en melancolía, desesperanza, claramente en el escepticismo y también en el cinismo. Algunas de las diferentes formas en las que puede se nos presenta el deseo prevenido en la fobia.

Acerca de la (co) relación entre el fetiche y la fobia

El objeto fetiche es el velo del sexo castrado y es por lo tanto el objeto que testimonia la falta en el campo del Otro. Este objeto va a significar la caída de esa suposición. Freud dice que una vez constituida la fantasía lo que queda del fetichismo es una ansiedad, un temor (por ej. temor a ser tocado en los dedos de los pies), y esto lo señala como la cicatriz que queda como resultado de la escisión del yo. Habría acá una cierta correlación. Ahora bien, la característica fundamental de ese objeto es ser un objeto inanimado. Y por ser un objeto inanimado vehiculiza la muerte. Un desplazamiento de la falta de pene en la madre al fetiche. Y aquí, nuevamente aparece la suposición. Si la suposición es que todo ser vivo tiene pene, la caída de la suposición da lugar a un fetiche, a un objeto inanimado. Hay una correlación entre la fobia y el fetiche, aunque sus objetos tengan diferentes lugares en la estructura. Lacan dice que es preciso distinguir el síntoma. Dice que hay transmutaciones de un objeto fetiche en un objeto fóbico o viceversa. En un artículo, Fetichización de un objeto fóbico, se señala cómo un objeto puede cumplir la función de fetiche y al mismo tiempo la de objeto fóbico (4). Siendo que se trata del mismo objeto, nos permite pensar lo que Freud claramente ubicó en el proceso de escisión del yo cuando señala cómo el yo se organiza respecto de una división entre el juicio de creencia (pene en la madre) y el de realidad (oponerse a la creencia). Ambos juicios, aunque contradictorios, se mantiene al mismo tiempo.
Una cosa más. ¿Cuándo un objeto es fobígeno? Cuando está aislado. Cuando no hace serie, o mejor dicho, cuando falta en la serie. Causa su deseo y en el mismo momento lo confronta con la castración. La fobia surge cuando el objeto está sólo, aislado y aislable.
En este punto, entra a jugar la función de la falta, un agujero que hay en la serie de los objetos y el objeto aislado. Lugar en el que falta, y lo que falta es el pene en la madre. Entonces, se trata de significar una falta que concierne al ser, en el punto de ser el falo en lo que respecta a la madre. En el caso del varón, tendrá que significar que él no es el falo de la madre, no es su falta (5). La función significante del falo, implica una función que en el lenguaje tiene la cópula y esta función la cumple el verbo ser.  Con lo cual, no podría decirse “la verdad es…”, pero sí, aquello que se dice establece la dimensión de la verdad en tanto que puede ser mentira.
Pasaje necesario del ser al tener (6).  El pasaje por la castración va de la mano de éste pasaje y al mismo tiempo pone en juego algo del orden del deseo que tiene función de causa. Es función de la falta, que el sujeto introduce con su aparición. El horror en la fobia, entonces, podemos ubicarlo como horror ante lo que causa, con la función de la falta relativa a lo que causa. Con lo cual, la función causa de la castración en la madre es introducida por el sujeto, si éste tiene con qué responder cuando el “trono y el altar estén en peligro” (7).


Notas
1.  S. Freud, Obras completas, Amorrortu Editores, Vol.  XXIII, 1940[1938]), Argentina, 1964, p. 276, La escisión del yo en el proceso de defensa, leemos: “Creó un sustituto para el pene que echaba de menos en las hembras; es decir, un fetiche. Haciéndolo así es verdad que negaba la realidad, pero había salvado su propio pene. En tanto no se veía obligado a reconocer que las mujeres habían perdido su pene, no tenía necesidad de creer la amenaza que se le había formulado: no tenía que temer por su propio pene y así podía seguir tranquilamente con su masturbación. Esta conducta de nuestro paciente nos llama la atención porque es un rechazo de la realidad, un procedimiento que preferimos reservar para las psicosis”.
2. J. Lacan,  Escritos II, Siglo XXI Editores, Argentina, 2002, p. 668: La significacióndel falo, leemos: “Esta pasión del significante se convierte entonces en una dimensión nueva de la condición humana, en cuanto que no es únicamente el hombre quien habla, sino que en el hombre y por el hombre "ello" habla, y su naturaleza resulta tejida por efectos donde se encuentra la estructura del lenguaje del cual él se convierte en la materia, y por eso resuena en él, más allá de todo lo que pudo concebir la psicología de las ideas, la relación de la palabra”.
3. Sobre el tema de la suposición en general, cf. Otros cinco minutos, enFormalización del Seminario de Lacan, Carlos Faig, Ricardo Vergara ed., Buenos Aires, 2014, pp. 65-77, esp. p. 65, leemos: “Suposición. La cadena significante (la fórmula de representación del sujeto, el trabajo de la significación) es coextensiva y se subtiende en la relación sexual. Toda vez que S1 representa al sujeto ante S2 queda implicado un funcionamiento fálico. El sujeto, idéntico al intervalo, puro corte, está predestinado al supuesto, con el que se viste. Así, abastece la relación ante el Otro sexo. Este es el punto de interés, puesto que de otro modo el planteo sería meramente formal. La imposibilidad del significante de significarse a sí mismo, del sujeto de saberse representado y significar su representación, marcada por el encuentro con el Falo, al revés, compromete a la relación sexual. Pero en un primer movimiento, el intervalo (el punto donde se aloja la satisfacción y la cuestión del sexo) queda colmado y el sujeto alcanza su pleonasmo. La imposibilidad de la cadena, que la constituye como tal, se oculta, y la relación al Otro de la díada sexual se sostiene.”
4. S/ firma, Scilicet nº1, 1968, pp. 153-167, Fetichización de un objeto fóbico, leemos: “Este objeto pertenece a la categoría, de lo que en gramática se denomina “cosas”, cosa inanimada, cosa muerta. Es el más insignificante de los objetos. Sin embargo veremos, de qué manera intensa, va a cobrar vida, con qué peso, verdaderamente imposible de llevar, va a cargar. Será objeto de horror, de terror, de repulsión y aversión insuperable, objeto de mala suerte, objeto de muerte. Pero también objeto de amor, de atracción irresistible, objeto de todas las búsquedas, objeto aparentemente elegido del deseo. Ese objeto terrible y fascinante, este objeto de pudor, analítico por excelencia, es un botón. (…) Ver, tocar, nombrar este objeto le era odioso, repugnante. Pero paralelamente a esa repulsión invencible, sentía con la misma fuerza una atracción irresistible hacia el mismo objeto, a condición de una modificación mínima. La modificación que lo hacía pasar de un extremo a otro era: la multiplicación. (…) Se agregaba para que tales vestimentas lo atrajeran eróticamente: que lo botones fueran rigurosamente idénticos, dispuestos de la misma manera y sobre todo que no faltara ninguno. Si alguno de ellos, se diferenciaba de los otros por su ubicación, su forma, su color, o sobre todo su ausencia, lo que un momento antes había sido objeto de atracción, se convertía irremediablemente en objeto de extrema repulsión. (…) Resumiendo: el mismo objeto, el botón, si era uno, singular, era objeto de angustia: es lo que intentaba expresar en el título llamándolo fóbico; contrariamente, multiplicado, en plural, se convertía en objeto de atracción, el que denominé fetiche.”
5. J. Lacan, Escritos II, op. cit., p. 673, leemos:  “Esa prueba del deseo del Otro, la clínica nos muestra que no es decisivo en cuanto que el sujeto se entera en ella de si éI mismo tiene o no tiene un falo real, sino en cuanto que se entera de que la madre no lo tiene. Tal es el momento de la experiencia sin el cual ninguna consecuencia sintomática (fobia) o estructural (Penisneid) que se refiera al complejo de castración tiene efecto. Aquí se sella la conjunción del deseo en la medida en que el significante fálico es su marca, con la amenaza o nostalgia de la carencia de tener.”
6. J. Lacan, idibid, leemos: “Digamos que esas relaciones girarán alrededor de un ser y de un tener que, por referirse a un significante, el falo, tienen el efecto contrariado de dar por una parte realidad al sujeto en ese significante, y por otra parte irrealizar las relaciones que han de significarse. Esto por la intervención de un parecer que se sustituye al tener, para protegerlo por un lado, para enmascarar la falta en el otro, y que tiene el efecto de proyectar enteramente en la comedia las manifestaciones ideales o típicas del comportamiento de cada uno de los sexos, hasta el límite del acto de la copulación. Estos ideales reciben su vigencia de la demanda que tienen el poder de satisfacer, y que es siempre demanda de amor, con su complemento de la reducción del deseo a demanda. Por muy paradójica que pueda parecer esta formulación, decimos que es para ser el falo, es decir el significante del deseo del Otro, para lo que la mujer va a rechazar una parte esencial de la femineidad, concretamente todos sus atributos en la mascarada. Es por lo que no es por lo que pretende ser deseada al mismo tiempo que amada. Pero el significante de su deseo propio lo encuentra en el cuerpo de aquel a quien se dirige su demanda de amor. Sin duda no hay que olvidar que por esta función significante, el órgano que queda revestido de ella toma valor de fetiche. Pero el resultado para la mujer sigue siendo que convergen sobre el mismo objeto una experiencia de amor que como tal (cf. más arriba) la priva idealmente de lo que da, y un deseo que encuentra en él su significante. Por eso puede observarse que la ausencia de la satisfacción propia de la necesidad sexual, dicho de otra manera la frigidez, es en ella relativamente bien tolerada, mientras que la Verdrängung, inherente al deseo es menor que en el hombre. En el hombre, por el contrario, la dialéctica de la demanda y del deseo engendra los efectos a propósito de los cuales hay que admirar una vez más con qué seguridad Freud los situó en las junturas mismas a las que pertenecen bajo la rúbrica de un relajamiento (Erniedrigung) específica de la vida amorosa. Si el hombre encuentra en efecto como satisfacer su demanda de amor en la relación con la mujer en la medida en que el significante del falo la constituye ciertamente como dando en el amor lo que no tiene, inversamente su propio deseo del falo hará surgir su significante en su divergencia remanente hacia "otra mujer" que puede significar ese falo a títulos diversos, ya sea como virgen, ya sea como prostituta. Resulta de ello una tendencia centrífuga de la pulsión genital en la vida amorosa, que hace que en él la impotencia sea soportada mucho peor, al mismo tiempo que la Verdrängung inherente al deseo es más importante.”
7. André Green, Jean Nassif y Jean Reboul, Objeto, castración y fantasía, Siglo XXI Editores, Argentina, 1976, p. 9, leemos: ““El niño sólo accede a su status de sujeto ubicándose allí donde falta, a la madre de la que depende. Este sustituto es el lugar y el vínculo de un intercambio entre la madre y el padre” Este punto de partida es el que afirma Green, para iniciar el resumen del objeto (a) en la teoría de Jacques Lacan”.